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Esta página fue creada para mostrar algunos cuentos, reflexiones, poemas y dibujos que hice a lo largo de los años. Si tienen dudas o sugerencias, por favor escribanme a mi mail Solestelar@gmail.com e intentaré responder sus mensajes. Desde ya, gracias por visitar el blog ^^

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lunes, 30 de abril de 2012

De cualquier manera...

Hacia tiempo que se encontraba así. Todos los días, se miraba al espejo y observaba su demacrado rostro. Lloraba sin motivo, incluso en sueños.
Dejó de visitar a amigos y colegas. No cuidaba su higiene y su cabello era una escoba. Si no se miraba al espejo, se acostaba en la cama y miraba al techo. O hacía zapping, mientras comía lo que le traía el delivery. Era toda su actividad del día.
A veces, se preguntaba si valía la pena seguir así. Lo había perdido todo y se sentía muy vieja para volver a empezar. Otras, jugueteaba con una navaja, preguntándose qué tanto dolería si se cortaba las venas. Todo eso se preguntaba, mientras el mundo seguía avanzando sin siquiera saber de su existencia.
Un día, escuchó un ruído de afuera. Salió y se encontró con un extraño, que quería entrar para robar.
El ladrón, al verla, le dijo:
- ¡Dame todo lo que tenga!
- Pasa- le dijo la mujer.
El ladrón se sorprendió por la poca resistencia que le mostró la víctima. Por un momento, creyó que ella lo hacía por miedo. Pero, en realidad, lo que sentía era indiferencia.
El extraño entró y empezó a meter las cosas en su saco. La mujer se sentó en el sofá y, mirando al techo, dijo:
- Has lo que quieras. Lo perdí todo y solo deseo morir.
El ladrón la miró y se sintió incómodo. Luego siguió con su labor, diciendole:
- En realidad no quiero robar. Pero soy muy pobre y la sociedad no me dio la oportunidad de desarrollarme en otros ámbitos. Definitivamente, el mundo da asco.
- Sí, lo sé- le dijo la mujer, sin mirarlo- Yo perdí lo más valioso de la vida: mi familia. ¿Y sabes qué? La gente solo se pone morbosa con este tema. Por eso me alejé de todos. Creo que eres la primera persona con quien hablo en meses.
- Odio a la gente depresiva. Pero bueno, ya que me facilitas todo, no te haré daño. No vales la pena.
La mujer se levantó. Como el ladrón le daba la espalda, no vio lo que hacía. Recién lo sintió cuando ella le clavó por la espalda con la misma navaja con que se intentó suicidarse varias veces.
- Sí. Así fue como lo perdí todo- le dijo la mujer, luego de apuñalarlo- Mi esposo era un golpeador y mis hijos eran ladrones como tú. Me recuerdas a mi hijo mayor. Por eso voy a matarte.
Cinco puñaladas por la espalda. Otros cinco por el pecho. El ladrón murió, tal como habían muerto los hijos y la pareja de la mujer.
Escondió el cuerpo. Luego, se dio una ducha, se lavó el pelo y sacó la sangre que manchó sus ropas. Limpió la sala y, luego, abrió las ventanas que hacia tiempo llevaban cerradas.
Estaba amaneciendo. Los rayos del sol asomaban tras unos edificios, aclarando poco a poco el cielo sin nubes. Ante esa vista, la mujer sonrió después de meses de sufrimiento y angustia. Era hora de comenzar una nueva vida.


jueves, 12 de abril de 2012

Fotos en días de lluvia

Una mañana de lluvia, coincidió que tenía una cámara en mano para lograr estas tomas mientras iba camino a mi casa. No explicaré nada más, solo las mostraré y que cada uno saque sus propias interpretaciones. Espero les guste ;)





domingo, 8 de abril de 2012

Contémonos algo


Tengo ganas de contar una historia. ¿Cuál, me preguntas? ¡Pues no sé! Si cuento una historia triste, todos llorarán; si cuento una historia alegre, me tratarán de frívola. Aún así, tengo ganas de contar historias. ¿Conoces algunas? Mmmmh… Bueno, yo sé muchas y no sé por cuál comenzar. ¿Cuentos clásicos? ¡Ya se la saben todos! ¿La historia de mi vida? No sé… no hay mucho que contar. ¡Rayos! ¡De tan solo pensar en esto me duele la cabeza! ¿Combinar historias? No sé, no le veo el sentido. Hay muchos conservadores que no quieren escuchar, por ejemplo, de hombres lobos que comen cerebros, o de hadas que fornican con vampiros, o de brujas que viajan por el espacio gracias a los OVNIS. ¿A ti te gustaría que contara esa clase de historias? ¡Lo sabía! Tendré que leer más o que. O no llegaré a nada. ¿Romances? ¡Mucho cliché! ¿Terror? ¡Ya dan asco! ¿Suspenso? ¡Me duele hasta el pensamiento! ¿Filosófico? ¡No! ¡Muy profundo para mi gusto! Me rindo. No sé qué contar. Mejor contas vos una historia y se terminó el partido. 


sábado, 7 de abril de 2012

jueves, 5 de abril de 2012

Renacimiento






La tierra, vacía y hostil, estaba ardiendo por los fuertes rayos del sol. O eso fue lo que sintió la pequeña que, a pesar de que llegó el fin del mundo, ella logró sobrevivir al exterminio de los humanos.
Hacia tiempo que los árboles se secaron. La niña perdió la noción del tiempo. Para ella, ese era su mundo. De vez en cuando, conseguía agua cavando la tierra. Y, si tenía suerte, encontraba insectos para comer.
Los pies le ardían. Eran normal, ya estaba acostumbrada. Pero lo que le llamó la atención, aquel día, era algo verde que salía de la tierra.
Se acercó a ese algo verde y se puso en cuclillas para verlo mejor. Era una plantita que, por milagro, logró germinar en ese mundo hostil.
La niña nunca antes había visto una planta. Ni siquiera sabía lo que era. Por lo tanto, decidió dejarlo ahí y seguir su camino.
No tuvo que caminar mucho cuando encontró más plantitas como aquella. Eran varias, amontonadas en un pequeño hueco que ella misma cavó una vez, para encontrar agua e insectos. Por alguna razón, aquellas plantas aparecieron, precisamente, donde ella hizo ese agujero.
Siguió adelante y encontró el suelo cubierto por aquellas plantitas. Algunas ya tenían varios centímetros de altura. Y otras acababan de brotar. El suelo rojizo contrastaba con las plantitas verdes y daban una sensacion de frescura. La niña pasó entre las plantitas, cuidando de no aplastarlas. Enseguida sintió que sus pies dejaron de dolerles por el ardor del suelo. Por primera vez, la niña se sintió aliviada y deseó que, pronto, esas plantitas crecieran y poblaran el mundo, dando comienzo al renacimiento de la vida en el planeta.

martes, 3 de abril de 2012

Fanatismo


Hace tiempo, los ateos eran duramente castigados por no creer en Dios. La mayoría de ellos hicieron grandes descubrimientos llamados "científicos". Aunque eran pocos, lograron destapar grandes incógnitas que, en aquel entonces, eran consideradas "milagros" o "maldiciones".
Pasaron los años y esos ateos se hicieron poderosos. Y no solo eso. También consiguieron seguidores que cuestionaron todo lo que predicaban sus respectivas religiones. Debían alabar a los "hallazgos científicos" y cuestionar todo aquello de la "divinidad" y la "deidad".
Pero, al final, los mismos ateos cayeron al fanatismo y, así como los religiosos castigaron duramente a sus antepasados ateos, estos mismos ateos empezaron a ridiculizar y a castigar a los creyentes.
El hombre creó a Dios a su imagen y semejanza. Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Creer. No creer. Y esta lucha eterna siguió y seguirá para siempre, porque así como hay idiotas que creen en Dios, también hay idiotas que cuestionan la existencia de Dios.

Extraña eternidad

Lo último que recuerdo es que aquel camión se me venía encima. Cuando desperté y me miré al espejo, descubrí que, en vez de piel, estaba cubierto con una superficie metalizada y que, dentro mío, habían cables, tornillos y placas en vez de órganos. Sí, yo era un ser humano común y corriente, estudiante de informática. Incluso mi nombre era común: Roberto.
¿Qué pasó para que lograran convertirme en un androide?
Me explicaron que conectaron mi cerebro a una computadora y, desde ahí, transfirieron una gran cantidad de descargas electromagnéticas y otros términos que una persona ordinaria como tú no lo entendería. En resumen, para ser claro, succionaron de mi cerebro mi mente, recuerdos, memorias y todo lo que tenga que ver con mi vida, lo guardaron en una memoria y, gracias a un programa de codificación, movieron los datos a la memoria del androide. Prácticamente, fue como trasladar archivos de una computadora a otra. Y ahora estoy aquí, como un androide, disfrutando de esta extraña eternidad mientras me pregunto si realmente morí y fui al cielo o al infierno, o si transformaron mi alma en códigos informáticos para que puedas escuchar esta historia.


domingo, 1 de abril de 2012

¿Patriotismo?


En los discursos siempre escuchamos el llamado a ejercer el patriotismo, a identificarnos con nuestra cultura con orgullo y otras expresiones de la identidad nacional. Pero existen riesgos en los planteamientos de los políticos nacionalistas, ya que podrían atentar contra los valores nacionales y universales, que son los que permiten la convivencia y la unidad entre los miembros de una nación. Somos seres situados en este mundo, compartimos la humanidad y, como tales, transcendemos todo paradigma y criterio cultural, lo que nos concede derechos inalienables que deben ser observados y respetados. Si somos seres situados es porque tenemos una identidad, desde donde compartimos la humanidad. Lo que no se debe perder es el horizone de la humanidad, entendida como comunidad de diálogo, es decir reconocer la humanidad en cualquiera de sus manifestaciones culturales.
Ahora bien: ¿Qué es la identidad nacional? Algunos sostienen que ya no existen razones para hablar de identidades nacionales, porque con el fenómeno de la globalización se ha universalizado un determinado modelo cultural. Otros, en cambio, sostienen que, sin la identidad, los sujetos no tendrían elementos que los identifiquen, dado que es algo que nos identifica lo que somos y que constituye el sentido y significado de nuestra existencia. Las naciones incluyen una serie de creencias que las personas tienen sobre ellas y, cuando se habla de nacionalidad, no solo se refiere a un concepto abstracto, sino a características físicas, maneras de comportarse y, principalmente, la concepción que las personas tienen de sí mismas.
La nación significa la convivencia de personas que se caracteriza por el reconocimiento de sus miembros. Todo sujeto tiene una nacionalidad desde donde se comprende, interpreta el mundo y se relaciona con otros. Aunque muchos no desean pertenecer al país en que nació, ya viene incorporado en su personalidad la cultura nacional. Y también, por más que viaje a otras naciones y conozca otras culturas, puede adquirir con el tiempo hábitos del extranjero, pero aún así, sigue perteneciendo al país en que nació. ¿Hay que amar, por lo tanto, a un país solo por nacer en ese país? ¿Aún la gente se emociona al cantar el himno nacional, o lleva la escarapela en el pecho o se encuentra con el presidente? Los tiempos cambian y aún siguen estas discusiones y preguntas sin respuesta. Preguntas que hasta los niños se las plantean, por más que los adultos no sepan responderlas y no tienen otra opción más que los pequeños busquen por ellos mismos las respuestas.