Bueno, la verdad, como no tengo ningún escrito que mostrar por el momento, les presentaré un dibujo que hice. Espero que les guste....
^^ Bienvenidos a mi página ^^
Esta página fue creada para mostrar algunos cuentos, reflexiones, poemas y dibujos que hice a lo largo de los años. Si tienen dudas o sugerencias, por favor escribanme a mi mail Solestelar@gmail.com e intentaré responder sus mensajes. Desde ya, gracias por visitar el blog ^^
¿No encontrás lo que querés leer? ¡Busca aquí! ^^
sábado, 28 de abril de 2007
miércoles, 25 de abril de 2007
Alma de viento

Sigue caminando, sigue buscando. A pesar de que le dijeron que murió, sigue buscando.
Si ha muerto, buscará su cuerpo, o su tumba. Si ha sobrevivido, tratará de curarlo. Aún así, nunca estará tranquila si no ve siquiera su rostro. Ese rostro que la acompañó durante toda su vida, que le ayudó en los momentos más difíciles que había vivido.
Camina entre los cuerpos heridos, y algunos muertos, del incendio del supermercado. Busca y busca sin dejar de buscar. Camina lentamente, mostrando a todos la foto de la persona que busca.
El viento sopla sus largos cabellos, y oye un susurro en los oídos, que fue llevado por el viento. El susurro hizo que se le aclararan las ideas, y hasta le pareció oír en dónde estaba esa persona.
Guiada por el viento, caminó y caminó, casi incluso corrió, y lo encontró. Estaba bastante herido, muy quemado, pero estaba ahí.
Su rostro se había desfigurado por completo, pero eso no importaba. Ella lo abrazó, y él le dijo que la estaba esperando, para decirle que conocerla fue un placer, y que siempre estaría con ella.
Esas fueron sus ultimas palabras. Ella se sintió muy triste, pero nunca olvidó las cosas que le había dicho. Ahora, cada vez que abre la ventana por las mañanas, el viento le sopla, y la rodea. Es el alma de esa persona, que le dice que no está sola, que está con él. Fue el padre que ella nunca tuvo, pero que siempre había deseado.
Si ha muerto, buscará su cuerpo, o su tumba. Si ha sobrevivido, tratará de curarlo. Aún así, nunca estará tranquila si no ve siquiera su rostro. Ese rostro que la acompañó durante toda su vida, que le ayudó en los momentos más difíciles que había vivido.
Camina entre los cuerpos heridos, y algunos muertos, del incendio del supermercado. Busca y busca sin dejar de buscar. Camina lentamente, mostrando a todos la foto de la persona que busca.
El viento sopla sus largos cabellos, y oye un susurro en los oídos, que fue llevado por el viento. El susurro hizo que se le aclararan las ideas, y hasta le pareció oír en dónde estaba esa persona.
Guiada por el viento, caminó y caminó, casi incluso corrió, y lo encontró. Estaba bastante herido, muy quemado, pero estaba ahí.
Su rostro se había desfigurado por completo, pero eso no importaba. Ella lo abrazó, y él le dijo que la estaba esperando, para decirle que conocerla fue un placer, y que siempre estaría con ella.
Esas fueron sus ultimas palabras. Ella se sintió muy triste, pero nunca olvidó las cosas que le había dicho. Ahora, cada vez que abre la ventana por las mañanas, el viento le sopla, y la rodea. Es el alma de esa persona, que le dice que no está sola, que está con él. Fue el padre que ella nunca tuvo, pero que siempre había deseado.
Biblioteca misteriosa
Héctor estaba perdido, era de noche, y encima estaba lloviendo.
Estaba muy lejos de su casa, así que decidió buscar algún techo para esperar a que la lluvia desaparezca, y así volver a su casa.
Lo que encontró fue una biblioteca. Se veía muy antigua, y era muy grande. Aún estaba abierta, y decidió entrar ahí.
Todo estaba oscuro, y las únicas luces que alumbraban el lugar eran los rayos de afuera.
- ¿Hola? ¿Hay alguien aquí?- preguntó Héctor en voz baja.
No oyó más respuesta que un silbido que hizo erizar los pelos de Héctor. Luego, recordó que él no creía en fantasmas, y que ese silbido lejano podría ser solo el viento, que pasó por la rendija de una ventana mal cerrada.
Decidió recorrer la biblioteca, buscando a alguien que la cuidara, pero no había nadie.
Mientras recorría, vio los libros que había en los estantes. Estos estantes eran de madera, y estaban muy deteriorados. Los libros parecían muy antiguos.
Un rayo iluminó el lugar, y Héctor pudo leer bien clarito el título de un libro.
Ese libro se llamaba: “Luz del tiempo”. Héctor entonces, agarró ese libro, y con una linterna que tenía en el bolsillo, iluminó la tapa.
No decía el nombre del autor, y tampoco decía en qué editorial fue echa. Héctor abrió el libro, y entonces, apareció una luz entre las páginas, e iluminó todo el lugar.
Oyó un silbido de nuevo, y entonces, una ventana se abrió de golpe, haciendo que las páginas del libro cambiaran bruscamente.
De repente, el viento cesó, y las páginas pararon de moverse.
La página que ahora veía Héctor estaba en blanco. No había nada escrito.
Empezó a ver todas las páginas de ese libro, y se dio cuenta de que ninguna tenía ni una sola letrita. ¿Dónde se habrán ido?
Empezó a oír voces, que venían de todos los libros que había en la biblioteca. Héctor se desesperó, y creyó que se estaba volviendo loco.
Luego, todos callaron. Héctor oyó unos pasos, era de alguien con tacos que estaba en ese lugar.
En efecto, así era. Héctor alumbró con su linterna el lugar en donde se oía los pasos, y vio que se acercaba a él una mujer. Tenía tacos en los pies, una pollera larga hasta los tobillos, y era de seda. Sus cabellos eran largos hasta la cintura, y era lo único que le cubría sus pechos.
- ¿Quién eres?- le preguntó Héctor.
- Eso mismo te quería preguntar a ti.
- Sé que no debía estar aquí, pero me extravié, y entré aquí. Solo estaré hasta que pare de llover.
- Demasiado tarde, ya no podrás salir de aquí.
Héctor, entonces, se dio cuenta de que sus pies estaban pegados por el piso, como si fuera que había pisado algún pegamento.
- esto no es problema, total, me saco los zapatos y salgo de aquí- dijo.
- Inténtalo, y lo veras.
Héctor trató de sacarse los zapatos, y se dio cuenta de que no podía sacárselos. También se habían pegado.
- no entiendo lo que está pasando- dijo Héctor, muy asustado.
- ¿Qué libro abriste?- le preguntó la chica.
- “Luz del tiempo”
- bueno, entonces ya no tienes “tiempo”
- ¿Qué significa eso?
- Te explicaré, si abriste ese libro, tu pasado, presente y futuro han sido destruidos. Ahora, que no tienes pasado, presente, ni futuro, no puedes moverte.
- ¿Acaso he muerto?
- Menos. No vives ni mueres, porque no naciste nunca, y todo por el libro que has abierto.
Héctor no entendió nada de lo que le dijo la chica, pero como no quería alargar ese problema, decidió hablar de otra cosa.
- ¿Y a ti qué te pasó?- le preguntó.
- Lo mismo que a ti, solo que he abierto otro libro, que me impide salir de aquí, pero al menos puedo moverme.
- ¿Y cómo se llama el libro que abriste?
- “La dama solitaria”. Soy una antigua dama, condenada a estar vestida así, y a estar sola de por vida, y todo por abrir ese libro.
- Debe ser duro para ti.
Los dos se quedaron callados. Héctor estaba muy triste por esa chica, ya que estaba muy sola, y no podía salir de ahí. ¿Acaso eso mismo le pasaría a él? Tenía muchos sueños que cumplir, y aún no había terminado la secundaria.
- saldremos de aquí, como sea- dijo Héctor, sin pensarlo.
- ¿Pero cómo? Esta biblioteca está encantada, al igual que todos los libros. No puedes hacer nada.
- Cada encantamiento tiene un desencantamiento.
Héctor recordó esa frase de su mamá, cuando ella le contaba esos cuentos antes de dormir, ya hace mucho tiempo.
Cerró el libro, y se concentró. Haría todo lo posible por acabar con ese encantamiento, y lo que tenía que hacer era tratar de despegar sus pies del suelo.
La chica vio lo que hacía Héctor, e intentó imitarlo, y dijo en voz alta que todos hicieran lo mismo. Se nota que había mucha gente en la biblioteca, después de todo.
De repente, apareció un rayo, que iluminó el lugar, y Héctor, haciendo un gran esfuerzo, logró despegar los pies del suelo.
Sintió que flotaba, pero eso acabó cuando sintió un fuerte golpe en la nuca. Acababa de caerse de espaldas.
Perdió el conocimiento por un rato, y luego, abrió los ojos.
Lo primero que vio fue a un anciano, con barba y lentes, que lo miraba muy sorprendido.
- ¿Qué pasó?- preguntó Héctor.
- No sé, tú entraste a mi biblioteca, y antes de que te atrapara, te desmayaste. Has agarrado uno de mis libros.
Héctor vio el libro que aún tenía en su mano, y rápidamente lo puso en su lugar.
Ya era de día, y vio a unas cuantas personas entrando en la biblioteca.
- bueno, debo disculparme. Creíste que era un ladrón- dijo Héctor.
- Ya me pasó varias veces, pero te dejaré ir. La próxima, toca la puerta.
- Lo recordaré.
Héctor salió de la biblioteca, y corrió todo lo que pudo.
Ya el camino le parecía conocido, y así logró llegar a su casa. Por supuesto, sus padres le dijeron que estaban muy preocupados por él, y esas cosas.
Héctor, ya en su casa, recordó lo que había vivido en la biblioteca, y le contó a sus padres lo que le pasó.
- sí que tuviste un raro sueño- dijo su mamá.
- Cambiando de tema, parece que tenemos vecinos nuevos- dijo el papá.
- Salieron de la casa, y vieron una camioneta, en donde bajaban un montón de muebles. Frente de la camioneta, estaba un señor y una chica, que, por casualidad, era la misma que Héctor había visto en la biblioteca.
Estaba muy lejos de su casa, así que decidió buscar algún techo para esperar a que la lluvia desaparezca, y así volver a su casa.
Lo que encontró fue una biblioteca. Se veía muy antigua, y era muy grande. Aún estaba abierta, y decidió entrar ahí.
Todo estaba oscuro, y las únicas luces que alumbraban el lugar eran los rayos de afuera.
- ¿Hola? ¿Hay alguien aquí?- preguntó Héctor en voz baja.
No oyó más respuesta que un silbido que hizo erizar los pelos de Héctor. Luego, recordó que él no creía en fantasmas, y que ese silbido lejano podría ser solo el viento, que pasó por la rendija de una ventana mal cerrada.
Decidió recorrer la biblioteca, buscando a alguien que la cuidara, pero no había nadie.
Mientras recorría, vio los libros que había en los estantes. Estos estantes eran de madera, y estaban muy deteriorados. Los libros parecían muy antiguos.
Un rayo iluminó el lugar, y Héctor pudo leer bien clarito el título de un libro.
Ese libro se llamaba: “Luz del tiempo”. Héctor entonces, agarró ese libro, y con una linterna que tenía en el bolsillo, iluminó la tapa.
No decía el nombre del autor, y tampoco decía en qué editorial fue echa. Héctor abrió el libro, y entonces, apareció una luz entre las páginas, e iluminó todo el lugar.
Oyó un silbido de nuevo, y entonces, una ventana se abrió de golpe, haciendo que las páginas del libro cambiaran bruscamente.
De repente, el viento cesó, y las páginas pararon de moverse.
La página que ahora veía Héctor estaba en blanco. No había nada escrito.
Empezó a ver todas las páginas de ese libro, y se dio cuenta de que ninguna tenía ni una sola letrita. ¿Dónde se habrán ido?
Empezó a oír voces, que venían de todos los libros que había en la biblioteca. Héctor se desesperó, y creyó que se estaba volviendo loco.
Luego, todos callaron. Héctor oyó unos pasos, era de alguien con tacos que estaba en ese lugar.
En efecto, así era. Héctor alumbró con su linterna el lugar en donde se oía los pasos, y vio que se acercaba a él una mujer. Tenía tacos en los pies, una pollera larga hasta los tobillos, y era de seda. Sus cabellos eran largos hasta la cintura, y era lo único que le cubría sus pechos.
- ¿Quién eres?- le preguntó Héctor.
- Eso mismo te quería preguntar a ti.
- Sé que no debía estar aquí, pero me extravié, y entré aquí. Solo estaré hasta que pare de llover.
- Demasiado tarde, ya no podrás salir de aquí.
Héctor, entonces, se dio cuenta de que sus pies estaban pegados por el piso, como si fuera que había pisado algún pegamento.
- esto no es problema, total, me saco los zapatos y salgo de aquí- dijo.
- Inténtalo, y lo veras.
Héctor trató de sacarse los zapatos, y se dio cuenta de que no podía sacárselos. También se habían pegado.
- no entiendo lo que está pasando- dijo Héctor, muy asustado.
- ¿Qué libro abriste?- le preguntó la chica.
- “Luz del tiempo”
- bueno, entonces ya no tienes “tiempo”
- ¿Qué significa eso?
- Te explicaré, si abriste ese libro, tu pasado, presente y futuro han sido destruidos. Ahora, que no tienes pasado, presente, ni futuro, no puedes moverte.
- ¿Acaso he muerto?
- Menos. No vives ni mueres, porque no naciste nunca, y todo por el libro que has abierto.
Héctor no entendió nada de lo que le dijo la chica, pero como no quería alargar ese problema, decidió hablar de otra cosa.
- ¿Y a ti qué te pasó?- le preguntó.
- Lo mismo que a ti, solo que he abierto otro libro, que me impide salir de aquí, pero al menos puedo moverme.
- ¿Y cómo se llama el libro que abriste?
- “La dama solitaria”. Soy una antigua dama, condenada a estar vestida así, y a estar sola de por vida, y todo por abrir ese libro.
- Debe ser duro para ti.
Los dos se quedaron callados. Héctor estaba muy triste por esa chica, ya que estaba muy sola, y no podía salir de ahí. ¿Acaso eso mismo le pasaría a él? Tenía muchos sueños que cumplir, y aún no había terminado la secundaria.
- saldremos de aquí, como sea- dijo Héctor, sin pensarlo.
- ¿Pero cómo? Esta biblioteca está encantada, al igual que todos los libros. No puedes hacer nada.
- Cada encantamiento tiene un desencantamiento.
Héctor recordó esa frase de su mamá, cuando ella le contaba esos cuentos antes de dormir, ya hace mucho tiempo.
Cerró el libro, y se concentró. Haría todo lo posible por acabar con ese encantamiento, y lo que tenía que hacer era tratar de despegar sus pies del suelo.
La chica vio lo que hacía Héctor, e intentó imitarlo, y dijo en voz alta que todos hicieran lo mismo. Se nota que había mucha gente en la biblioteca, después de todo.
De repente, apareció un rayo, que iluminó el lugar, y Héctor, haciendo un gran esfuerzo, logró despegar los pies del suelo.
Sintió que flotaba, pero eso acabó cuando sintió un fuerte golpe en la nuca. Acababa de caerse de espaldas.
Perdió el conocimiento por un rato, y luego, abrió los ojos.
Lo primero que vio fue a un anciano, con barba y lentes, que lo miraba muy sorprendido.
- ¿Qué pasó?- preguntó Héctor.
- No sé, tú entraste a mi biblioteca, y antes de que te atrapara, te desmayaste. Has agarrado uno de mis libros.
Héctor vio el libro que aún tenía en su mano, y rápidamente lo puso en su lugar.
Ya era de día, y vio a unas cuantas personas entrando en la biblioteca.
- bueno, debo disculparme. Creíste que era un ladrón- dijo Héctor.
- Ya me pasó varias veces, pero te dejaré ir. La próxima, toca la puerta.
- Lo recordaré.
Héctor salió de la biblioteca, y corrió todo lo que pudo.
Ya el camino le parecía conocido, y así logró llegar a su casa. Por supuesto, sus padres le dijeron que estaban muy preocupados por él, y esas cosas.
Héctor, ya en su casa, recordó lo que había vivido en la biblioteca, y le contó a sus padres lo que le pasó.
- sí que tuviste un raro sueño- dijo su mamá.
- Cambiando de tema, parece que tenemos vecinos nuevos- dijo el papá.
- Salieron de la casa, y vieron una camioneta, en donde bajaban un montón de muebles. Frente de la camioneta, estaba un señor y una chica, que, por casualidad, era la misma que Héctor había visto en la biblioteca.
miércoles, 18 de abril de 2007
La danza del ángel
Esta poesía lo hice cuando tenía 14 años, en una época en que escribía muchas poesías. Pero parece que a todos les gusta más las novelas o cuentos que hago. La verdad, no soy tan buena en la poesía, y muy pocas veces me sale bien, solo cuando me encuentro realmente inspirada. Ahora lean esta poesía, que me inspiré en un baile de mujeres árabes que vi un dia. (Estaban vestidas de blanco y bailaban espectacular).
Ahí viene el ángel,
Con su vestido de seda,
Que es blanca, muy blanca,
No tiene ninguna suciedad.
Sus cabellos son de oro,
Su piel suave es,
Y sus pies son ligeros
Que se mueven ágilmente,
Al bailar una danza
A menos una vez.
Los movimientos que hace,
Son suaves y hermosos.
Vean la danza del ángel,
No se lo pueden perder.
Ese ángel baila,
Haciendo que su aura
Brille más y más.
El ángel baila
En honor a Dios,
Con sus finos movimientos,
De un ángel de luz.
Finaliza el baile,
Con un elegante paso,
Mientras que sus ropas
Vuelan con el viento,
Mostrando la pureza y gloria,
Que solo un ángel puede tener.
Con su vestido de seda,
Que es blanca, muy blanca,
No tiene ninguna suciedad.
Sus cabellos son de oro,
Su piel suave es,
Y sus pies son ligeros
Que se mueven ágilmente,
Al bailar una danza
A menos una vez.
Los movimientos que hace,
Son suaves y hermosos.
Vean la danza del ángel,
No se lo pueden perder.
Ese ángel baila,
Haciendo que su aura
Brille más y más.
El ángel baila
En honor a Dios,
Con sus finos movimientos,
De un ángel de luz.
Finaliza el baile,
Con un elegante paso,
Mientras que sus ropas
Vuelan con el viento,
Mostrando la pureza y gloria,
Que solo un ángel puede tener.
Fuera los corruptos
Estamos hartos ya
De esta corrupción.
Perjudica a la gente
Y a la nación.
Por eso cantamos
Esta canción
Para poder decir
Basta a la corrupción.
¡Fuera los corruptos!
Somos uno de los países
Más corruptos del mundo.
Esto es una vergüenza
No debemos ser así.
¡Fuera los corruptos!
Porque ya estamos
Hartos de la corrupción.
Debemos unirnos,
Para poder echarlos del país,
De una buena vez.
¡Fuera los corruptos!
No esperes que el gobierno
Empiece a actuar,
Porque ellos de las quejas
No les importa más.
¡Fuera la corrupción,
largo de aquí!
¡Fuera los corruptos
y así seré muy feliz!
Fuera los corruptos
de esta nación,
perjudican a la gente
y a la nación.
Esta poesía fue hecha cuando salió la noticia de que mi país (Paraguay) es uno de los países más corruptos mundialmente, en todos los diarios y televisión.
Hecho en el 2003, respectivamente.
De esta corrupción.
Perjudica a la gente
Y a la nación.
Por eso cantamos
Esta canción
Para poder decir
Basta a la corrupción.
¡Fuera los corruptos!
Somos uno de los países
Más corruptos del mundo.
Esto es una vergüenza
No debemos ser así.
¡Fuera los corruptos!
Porque ya estamos
Hartos de la corrupción.
Debemos unirnos,
Para poder echarlos del país,
De una buena vez.
¡Fuera los corruptos!
No esperes que el gobierno
Empiece a actuar,
Porque ellos de las quejas
No les importa más.
¡Fuera la corrupción,
largo de aquí!
¡Fuera los corruptos
y así seré muy feliz!
Fuera los corruptos
de esta nación,
perjudican a la gente
y a la nación.
Esta poesía fue hecha cuando salió la noticia de que mi país (Paraguay) es uno de los países más corruptos mundialmente, en todos los diarios y televisión.
Hecho en el 2003, respectivamente.
lunes, 16 de abril de 2007
Mi comienzo
Un día estaba tan, pero tan aburrida, que sentía que me dormiría en cualquier momento. Es como ahora, con la diferencia de que en ese momento era más pequeña.
Así que, sin pensarlo dos veces, agarré un cuaderno, un bolígrafo y empecé a escribir.
Al principio, solo escribía lo que se me ocurría en ese momento, pero a medida que unía las letras, formaba palabras. Al unir las palabras formaba oraciones, y al unir las oraciones formaba un texto muy largo, tan largo que me di cuenta de que acababa de formar un cuento.
Y ese solo fue el comienzo de mi camino hacia la escritura, solo eso.
Así formé mi primer cuento.
Así que, sin pensarlo dos veces, agarré un cuaderno, un bolígrafo y empecé a escribir.
Al principio, solo escribía lo que se me ocurría en ese momento, pero a medida que unía las letras, formaba palabras. Al unir las palabras formaba oraciones, y al unir las oraciones formaba un texto muy largo, tan largo que me di cuenta de que acababa de formar un cuento.
Y ese solo fue el comienzo de mi camino hacia la escritura, solo eso.
Así formé mi primer cuento.
La carcel del infierno
Esta historia está basada en un hecho real. Los personajes son ficticios, pero coinciden con lo que le pasan a los afectados.
En memoria de las víctimas del incendio del supermercado, el 1 de agosto del 2004. Que descanzen en paz...
Esta historia que ahora voy a contar se tratará de una familia, que pensaba que nada saldría mal en un día muy hermoso como ese. Ni siquiera se imaginaban lo que sufrirían al mediodía, ese terrible 1 de Agosto del 2004. Ese día, iban a hacer una fiesta en la casa esa noche, y toda la familia tenía que ir al supermercado para traer las cosas. El papá iría en la sección de la carnicería, la mamá iría en la sección de las bebidas y el hijo, Antonio, se iría a la sección de la heladería, para tomar helados de postre. Ya se estaban separando cuando llegaron al supermercado Icua Bolaños, pensando que ese fin de semana sería el más lindo de todos. Cuando se fueron cada uno por su parte, Antonio se fue rápidamente a buscar los helados, cuando de repente, empezó a oler un olor a quemado. Algunas mujeres se asustaron, ya que de repente se oyó una explosión, y después, vieron cómo el techo se caía y salía humo y fuego por todas partes. Antonio empezó a correr, buscando a sus padres, pero no los encontraba, y para el colmo, llegó hasta el patio de comidas, en donde había más personas. La mamá, al oír la explosión, intuyó que algo malo iba a pasar. Sin pensarlo dos veces, empezó a buscar con desesperación a su esposo y a su hijo, para salir de ahí enseguida. Lastimosamente, no los encontró, y solo consiguió chocarse con la cantidad de gente que se pisaban, se empujaban, corrían y gritaban pidiendo socorro. La mamá, más preocupada todavía, llamó a gritos a su hijo, pero un pedazo de techo se cayó sobre ella y la aplastó, dejándola inconsciente. El papá, al darse cuenta de lo que pasaba, buscó desesperadamente a su mujer y a su hijo. ¿Por qué tuvieron que separarse? De seguro, ahora estarían atrapados entre el fuego y la gente. O a lo mejor, salieron antes, y podía reencontrarse con ellos afuera. El papá pensó así, y acto seguido, se fue a la puerta de entrada. Imposible de ver lo que pasaba, ya que había un estancamiento de gente que bloqueaba las puertas. Oían gritos como “Abran las puertas, que nos quemamos”, y ahí, el señor se dio cuenta de que por alguna razón desconocida, cerraron las puertas. Desde afuera, la gente que pasaba por ahí, y también los vecinos, empezaron a tirar piedras, y hasta sillas con tal de romper las puertas y ayudar a las personas a que salieran de ahí. Lograron hacer un agujero, y empezaron a sacar a la gente. Antonio, que buscaba la salida, encontró una puerta que decía “salida de emergencias”, pero al tratar de abrirlo, se dio cuenta de que estaba soldada. ¡Ahora estaba metido en una trampa mortal, sin posibilidad de salir de ahí! Se sintió muy herido, y se dio cuenta de que no podía respirar. Volvió a correr, con las pocas fuerzas que le quedaban, y luego tropezó con el cuerpo de una mujer, en donde pudo ver que de su panza salía un feto. Acababa de morir una mujer embarazada, y también su bebé. Antonio se asustó, y volvió a correr. Otra vez se oyó la explosión, y lo vio justo enfrente. El fuego ardiente estaba quemando el cuerpo de muchas personas. Algunas estaban vivas aún, y era desesperante ver a alguien que vive, y grita de dolor al darse cuenta de que se quema en un horno de fuego ardiente. Entre las llamas, pudo ver a su madre, que estaba inconciente, aplastada por el techo del local. Trató de acercarse a ella, pero las llamas no le permitían. Sintió que alguien le agarraba por la cintura, y lo llevaba lejos de ella. Empezó a gritar, diciendo que su mamá estaba en peligro. El señor, que era un bombero, dijo que otro vendría a rescatarla. Y así caminó hasta llegar a la puerta, que estaba rota por causa de las personas de afuera. Antonio, cuando salió afuera, se encontró con su padre. Los dos se abrazaron, y el papá descubrió que su hijo tenía rasguños y quemaduras por todas partes. Medio desmayado, Antonio empezó a llorar, ya que acababa de perder a su mamá. Luego, su papá lanzó una exclamación, al ver que un bombero traía en brazos a su esposa, totalmente negra por causa de las llamas. Se acercaron a la mujer, y descubrieron que falleció. Antonio empezó a llorar, y su papá lo acompañó. Días después, mientras los dos estaban en el hospital, los médicos analizaron el ADN, y en efecto, salió positivo: era la mamá de Antonio, que cuando le hicieron la autopsia, descubrieron que ella murió antes de ser calcinada. Cuando se le cayó el techo encima, aparte de perder el conocimiento, se le rompió las costillas y la columna vertebral. Así que si hubiera salido viva de ahí, tendría claustro por el resto de su vida. Su cuerpo empezó a perder oxigeno por causa del peso del techo (que cayó justo en la zona de sus pulmones) y también por respirar dióxido de carbono. Pasó el tiempo, y padre e hijo aún se recuperan de las lesiones, aunque ahora ya no la tienen tan graves, pero los dos tenían un gran dolor en el corazón, que era imposible curarlo con algún medicamento conocido, y era por culpa de ese incendio, que apagó la vida de esa pobre señora, que era esposa y madre, y que deseaba ver a su hijo crecer y ser una buena persona en la vida. Y la causa de ese incendio, según ellos al igual que los afectados, y otras personas, fue por los dueños del local, que no pusieron las medidas de prevención en caso de incendios. Para colmo, mandaron cerrar las puertas, para que no robaran el dinero. Pensaron que solo les interesaron los bienes materiales, y pusieron en segundo lugar las personas que estaban muriendo de ese incendio. Nunca perdonaron y olvidaron ese día, y lucharon con todos los afectados por la justicia, y por que este suceso no sea olvidado jamás, aunque pase el tiempo, para que las personas vieran el grado total de injusticia que había, y hasta ahora hay en este país.
(Este escrito también está publicado en http://www.loscuentos.net/cuentos/link/157/157747/, por si les intereza)
En memoria de las víctimas del incendio del supermercado, el 1 de agosto del 2004. Que descanzen en paz...
Esta historia que ahora voy a contar se tratará de una familia, que pensaba que nada saldría mal en un día muy hermoso como ese. Ni siquiera se imaginaban lo que sufrirían al mediodía, ese terrible 1 de Agosto del 2004. Ese día, iban a hacer una fiesta en la casa esa noche, y toda la familia tenía que ir al supermercado para traer las cosas. El papá iría en la sección de la carnicería, la mamá iría en la sección de las bebidas y el hijo, Antonio, se iría a la sección de la heladería, para tomar helados de postre. Ya se estaban separando cuando llegaron al supermercado Icua Bolaños, pensando que ese fin de semana sería el más lindo de todos. Cuando se fueron cada uno por su parte, Antonio se fue rápidamente a buscar los helados, cuando de repente, empezó a oler un olor a quemado. Algunas mujeres se asustaron, ya que de repente se oyó una explosión, y después, vieron cómo el techo se caía y salía humo y fuego por todas partes. Antonio empezó a correr, buscando a sus padres, pero no los encontraba, y para el colmo, llegó hasta el patio de comidas, en donde había más personas. La mamá, al oír la explosión, intuyó que algo malo iba a pasar. Sin pensarlo dos veces, empezó a buscar con desesperación a su esposo y a su hijo, para salir de ahí enseguida. Lastimosamente, no los encontró, y solo consiguió chocarse con la cantidad de gente que se pisaban, se empujaban, corrían y gritaban pidiendo socorro. La mamá, más preocupada todavía, llamó a gritos a su hijo, pero un pedazo de techo se cayó sobre ella y la aplastó, dejándola inconsciente. El papá, al darse cuenta de lo que pasaba, buscó desesperadamente a su mujer y a su hijo. ¿Por qué tuvieron que separarse? De seguro, ahora estarían atrapados entre el fuego y la gente. O a lo mejor, salieron antes, y podía reencontrarse con ellos afuera. El papá pensó así, y acto seguido, se fue a la puerta de entrada. Imposible de ver lo que pasaba, ya que había un estancamiento de gente que bloqueaba las puertas. Oían gritos como “Abran las puertas, que nos quemamos”, y ahí, el señor se dio cuenta de que por alguna razón desconocida, cerraron las puertas. Desde afuera, la gente que pasaba por ahí, y también los vecinos, empezaron a tirar piedras, y hasta sillas con tal de romper las puertas y ayudar a las personas a que salieran de ahí. Lograron hacer un agujero, y empezaron a sacar a la gente. Antonio, que buscaba la salida, encontró una puerta que decía “salida de emergencias”, pero al tratar de abrirlo, se dio cuenta de que estaba soldada. ¡Ahora estaba metido en una trampa mortal, sin posibilidad de salir de ahí! Se sintió muy herido, y se dio cuenta de que no podía respirar. Volvió a correr, con las pocas fuerzas que le quedaban, y luego tropezó con el cuerpo de una mujer, en donde pudo ver que de su panza salía un feto. Acababa de morir una mujer embarazada, y también su bebé. Antonio se asustó, y volvió a correr. Otra vez se oyó la explosión, y lo vio justo enfrente. El fuego ardiente estaba quemando el cuerpo de muchas personas. Algunas estaban vivas aún, y era desesperante ver a alguien que vive, y grita de dolor al darse cuenta de que se quema en un horno de fuego ardiente. Entre las llamas, pudo ver a su madre, que estaba inconciente, aplastada por el techo del local. Trató de acercarse a ella, pero las llamas no le permitían. Sintió que alguien le agarraba por la cintura, y lo llevaba lejos de ella. Empezó a gritar, diciendo que su mamá estaba en peligro. El señor, que era un bombero, dijo que otro vendría a rescatarla. Y así caminó hasta llegar a la puerta, que estaba rota por causa de las personas de afuera. Antonio, cuando salió afuera, se encontró con su padre. Los dos se abrazaron, y el papá descubrió que su hijo tenía rasguños y quemaduras por todas partes. Medio desmayado, Antonio empezó a llorar, ya que acababa de perder a su mamá. Luego, su papá lanzó una exclamación, al ver que un bombero traía en brazos a su esposa, totalmente negra por causa de las llamas. Se acercaron a la mujer, y descubrieron que falleció. Antonio empezó a llorar, y su papá lo acompañó. Días después, mientras los dos estaban en el hospital, los médicos analizaron el ADN, y en efecto, salió positivo: era la mamá de Antonio, que cuando le hicieron la autopsia, descubrieron que ella murió antes de ser calcinada. Cuando se le cayó el techo encima, aparte de perder el conocimiento, se le rompió las costillas y la columna vertebral. Así que si hubiera salido viva de ahí, tendría claustro por el resto de su vida. Su cuerpo empezó a perder oxigeno por causa del peso del techo (que cayó justo en la zona de sus pulmones) y también por respirar dióxido de carbono. Pasó el tiempo, y padre e hijo aún se recuperan de las lesiones, aunque ahora ya no la tienen tan graves, pero los dos tenían un gran dolor en el corazón, que era imposible curarlo con algún medicamento conocido, y era por culpa de ese incendio, que apagó la vida de esa pobre señora, que era esposa y madre, y que deseaba ver a su hijo crecer y ser una buena persona en la vida. Y la causa de ese incendio, según ellos al igual que los afectados, y otras personas, fue por los dueños del local, que no pusieron las medidas de prevención en caso de incendios. Para colmo, mandaron cerrar las puertas, para que no robaran el dinero. Pensaron que solo les interesaron los bienes materiales, y pusieron en segundo lugar las personas que estaban muriendo de ese incendio. Nunca perdonaron y olvidaron ese día, y lucharon con todos los afectados por la justicia, y por que este suceso no sea olvidado jamás, aunque pase el tiempo, para que las personas vieran el grado total de injusticia que había, y hasta ahora hay en este país.
(Este escrito también está publicado en http://www.loscuentos.net/cuentos/link/157/157747/, por si les intereza)
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