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Esta página fue creada para mostrar algunos cuentos, reflexiones, poemas y dibujos que hice a lo largo de los años. Si tienen dudas o sugerencias, por favor escribanme a mi mail Solestelar@gmail.com e intentaré responder sus mensajes. Desde ya, gracias por visitar el blog ^^

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viernes, 23 de noviembre de 2012

Fuese una obra del destino...




Un aire revolucionario ya invadía varias regiones del país, llenando a los ciudadanos con un deseo de acabar para siempre con la dictadura. A pesar de que se ocultaba varios aspectos de la realidad, unos cuantos eran consientes de los torturados o desaparecidos que causaron la policía solo por sospechar de que fuesen opositores al régimen.
Una tarde, en ese ambiente de tensión e intriga, un joven llamado Pablo fue a visitar a Julio, su amigo. Tenía en sus manos una nota que se le había pasado para concretar la siguiente reunión de opositores al gobierno. Julio lo recibió y se dieron un apretón de manos para pasarse el mensaje.
-      ¡Tanto tiempo! ¿Cómo estás, Pablo?- saludó Julio, fingiendo sorpresa.
-      Y aquí voy, con mucho calor- le respondió Julio- pero pasa, vamos a tomar algo.
Julio dio una rápida mirada al vecino, que estaba regando las plantas. Sintió que los estaba observando, aunque parecía distraído con lo que hacía.
Esa tarde, Julio también recibió la visita de Sofía, una amiga. Sofía había traído a Luz, su hermanita de tres años, a quien la cuidaba como a un tesoro.
-      ¡Hola Sofía! ¿Qué tal?- saludó Pablo a Sofía. Luego miró a la pequeña Luz con curiosidad.
-      Hola. Ya te hablé de Lucecita- le dijo Sofía, señalando a su hermana- mis padres salieron, por eso la traje para que no estuviese sola en casa.
Pablo, Julio y Sofía se sentaron en el suelo, observando cada milímetro de las paredes y el techo para comprobar que no estuviesen siendo vigilados con micrófonos o cámaras.
-      ¿Revisaste tu casa parte por parte?- le preguntó Pablo a Julio, luego de un minuto de silencio.
-      Sí. Sofía también ayudó y no encontramos nada raro- respondió Julio.
-      Tu vecino, el “amante de las flores”, me da miedo- dijo Sofía, en voz baja- la otra vez me pareció que me miraba de una manera extraña…
-      Cuidado, que no se asuste- le dijo Pablo, mientras soltaba una pequeña risa que rompió con el hielo que se había formado en la sala.
-      Por cierto, ¿Qué pasó con Amanda?- preguntó Pablo- hace mucho que no la vemos. Julio, ¿Aún siguen siendo novios?
-      Sí, y lo seguiremos siendo aunque mi padre no quiera- afirmó Julio- hay días en que sueño que la han apresado y que la han torturado.
-      ¡No digas eso! ¡Nunca!- le espetó Sofía- ¡Que Dios no lo quiera! Ella me cae bien y siempre rezo a la Virgencita para que la proteja.
-      Los rezos no siempre resultan, Sofía- dijo Julio- aunque duela decirlo, siento que ya la han capturado. Solo así me explicaría el porqué no respondió a mis cartas.
La conversación fue interrumpida por Luz, que empezó a revolcarse en el suelo y a dar gritos desesperados. Sofía intentó calmarla, pero sin éxito. Pablo se acercó y puso su mano en la frente de la pequeña.
-      ¡Tiene fiebre!- confirmó Pablo- ¡Debemos llevarla con mi papá, que es médico!
-      ¡Pero si hace unos minutos estaba de lo más bien!- dijo Sofía, angustiada.
-      Salgamos por la puerta trasera- sugirió Julio- ahí no nos verá nadie. ¡Ni siquiera el vecino florero!
Así lo hicieron. Fueron todos al consultorio del papá de Pablo que, por suerte, se encontraba sin ningún paciente y estaba libre para atenderlos.
El doctor analizó a la niña, le dio de tomar unas pastillas y, minutos después, la pequeña se calmó y se quedó dormida profundamente.
-      Está engripada- dijo el doctor a Sofía- para un mejor diagnóstico, pase por aquí mañana. Anotaré su nombre en la agenda.
-      Muchas gracias, doctor- dijo Sofía, que estaba al borde de las lágrimas.
-      Descuida. Siempre estaré disponible para los amigos de Pablito.
Pablo se quedó con su padre a ayudarle con unos archivos. Julio y Sofía se fueron con Luz. A mitad de camino, Julio le dijo a Sofía que era mejor que regresara cada uno a su casa.
-      ¿Estarás bien? ¿No necesitarás nada?- le preguntó Sofía.
-      Descuida. Estaré bien. Ve a casa y cuida de Lucecita. Tus padres estarán por llegar.
-      Tienes razón. Nos vemos.
Cuando Julio regresó a su casa, se llevó la sorpresa de que la cerradura de la puerta había sido forzada. El vecino florero se acercó a él y le dijo:
-      Hace una hora entraron los policías. Descuida, ya se fueron.
-      ¿Cómo sé que no me estarán acechando ahí adentro?
El vecino se encogió de hombros, sacudió su mano y se fue a su casa.
Julio entró, lentamente. Se percató de que no estuviese nadie acechando por detrás de la puerta.
Encontró los muebles salidos de lugar, frascos rotos y hojas por el suelo. Una corazonada le llevó hasta su pieza, donde encontró su cama desordenada y las ropas esparcidas encima de la misma.
Julio abrió el ropero, utilizó una pequeña llave que llevaba en el bolsillo para abrir el doble fondo del mueble y encontró, aliviado, que todavía seguían ahí las fotos y las cartas que estuvo intercambiando con varios amigos, que seguían planeando la mejor forma de derrocar al dictador sin necesidad de una guerra civil violenta.
El teléfono sonó. Era Sofía que, por aquella intuición femenina, lo llamó para asegurarse de que se encontraba bien.
-      Entraron en mi casa- dijo Julio- revisaron todo.
-      ¡Dios mío! ¿No te hicieron daño?
-      Cuando llegué, ya se fueron. Si no fuese porque llevamos a Luz junto al papá de Pablo, seguro nos hubiesen capturado a todos.
-      ¡Dios! ¡Qué calamidad! ¿Ves que los rezos sí funcionan? Me di cuenta de eso porque Luz se enfermó de improviso. Ella estaba sanita como siempre y Dios la enfermó para que la lleváramos al médico y así la policía no nos capture.
-      En otro momento me reiría por tu ocurrencia. Pero ahora estoy muy asustado. Necesito aclarar las ideas. te llamo más tarde.
-      Sí. Lo entiendo. Cuídate. Hablamos luego.
Cuando cortó, Julio sacó de su ropero la foto de Amanda. Estaba ahí, con su hermosa sonrisa que siempre le había caracterizado. La última vez que la vio, ella le dijo que iría a visitar a sus padres que vivían en un pueblo lejano. Desde esa vez, no supo más nada de ella. Ni una llamada. Ni un mensaje.
Incluso, se percató de que, desde que Amanda se fue, varios de sus amigos fueron rechazados de los servicios públicos e, incluso, a uno le despidieron de su trabajo sin justificación. Si Amanda fue capturada, con las torturas, habría confesado todo y, así, la policía empezó a realizar las debidas conexiones para abolir con ese grupo de opositores de una buena vez.
Fuese una obra del destino, una coincidencia o “una intervención de Dios”, Julio se percató de que, gracias a la pequeña Luz, se le brindó una oportunidad de no correr la misma suerte que Amanda. Por lo tanto, decidido a buscarla, empacó sus cosas y abandonó su hogar. No dejó ningún mensaje ni para Sofía, ni para Pablo, ni para ninguno de sus amigos. No quería involucrarlos ni perjudicar sus vidas. En el fondo, sabía que ellos se las arreglarían y seguirían con el propósito de derrocar al tirano para establecer definitivamente la Democracia en el país.

domingo, 14 de octubre de 2012

Renacimiento (video)

¡Buenas! En realidad este cuento ya lo he escrito antes y ahora me inspiré en él para realizar un stop motion hecho con dibujos de lápices de color. Si quieren ver el video, solo veanlo aquí ^^

Mientras, les invito, una vez más, a que visiten mi nuevo blog de cuentos ilustrados, cuyo enlace es este: http://ilustracuentos.wordpress.com/ dado que, dentro de poco, dejaré de actualizar este blog y continuaré con el nuevo. Saludos ;)




lunes, 24 de septiembre de 2012

Belleza natural



Rafael recibió una carta del Patricio sienés Filipo Sergadi, donde en la misma lo alababa por sus hermosos cuadros de bellas madonas con sus pequeños, todos inspirados en la Virgen María con el niño Jesús. En la carta, también le encomendaba un cuadro con la Virgen María, el niño Jesús y San Juan Bautista, pero que no estuviera ambientada en una habitación, sino al contacto con la naturaleza.
El pintor fue a las afueras del pueblo para inspirarse. Aceptó el trabajo y solo necesitaba un buen ambiente y una modelo para realizar sus obras.
Cerca de una arboleda, encontró a una muchacha muy bonita. Sus cabellos dorados brillaban a la luz del sol y su rostro suave y delicado le recordaba a las violetas que, durante esa época, abundaban en el lugar. Mentalmente Rafael la trasladó a un cuadro, petrificando su belleza y frescura, disfrutando de la naturaleza y la pureza propia de una muchacha virgen y soñadora.
La joven, al verlo, se estremeció. Rafael levantó ambas manos, en señal de paz, y se presentó.
-       Me llamo Rafael Sanzio. Soy un pintor. Y acabo de verla en uno de mis cuadros.
-       ¿Acaso desea retratarme?- le preguntó la muchacha, extrañada.
-       Mire usted, la belleza y frescura que posee en estos instantes. Mire estas flores, opacadas vilmente ante su presencia. Mas, sin embargo, son bellezas efímeras, que se me escapan de las manos. Si me lo permite y si no le parece un atrevimiento de mi parte, desearía ubicarla en un lienzo, de semejante amplitud, con el objetivo de eternizarla en mis obras, eternizar este paisaje y eternizar aquella expresión que solo una mujer pura puede poseer.
La muchacha se sonrojó ante los halagos del pintor. Sus padres le habían dicho que era muy hermosa, pero era la primera vez que se lo decía un extraño. Y aunque no lo conocía, en el fondo, sabía que era una buena persona que solo iba en busca de inspiración para sus obras.
-       Me halaga sus impresiones- le respondió la joven- pero siento que habrán otras chicas que sí son merecedoras de ser inmortalizadas en un cuadro.
-       Al contrario- dijo Rafael, mientras recogía del suelo un ramo de flores y se las daba a la muchacha- solo usted logrará impactar a las exigencias de mi cliente, que nada más desea tener en su poder el cuadro de la Virgen María. Y solo yo sabré apreciar este momento, en que podré al fin cumplir con mi mandato y glorificarla por su hermosura e inocencia.
La joven recibió las flores y sonrió. Rafael sacó de su bolso unos papeles y realizó trazos rápidos de aquel rostro alegre y fresco. La mujer se arrodilló entre las flores, dejando que el pintor hiciera bocetos de su rostro. A veces sonreía, a veces se ponía seria y otras reflexiva. Cuando Rafael terminó, analizó sus bocetos y dijo:
-       Debo incluirla con el niño Jesús y Juan el Bautista, tal como lo pidió mi cliente. Sin embargo, será usted la que destaque en este cuadro.
-       ¿Y podré verlo finalizado?- le preguntó la muchacha, mirándolo tímidamente.
-       Si es lo que desea, así será. Incluso le regalaré algunos de mis mejores bocetos. Estoy seguro que el hombre que se enamore de usted se sentirá la persona más dichosa del mundo.
La mujer rió y se sonrojó. Ella aún no había encontrado un buen mozo con quien casarse, pero siempre soñaba con tener hijos y estar junto a su amado hasta el final de sus días.
Rafael envió un mensaje a Filipo, pasándole el presupuesto de la obra y agradeciéndole por sus elogios. El patricio le entregó un adelanto, para así asegurarse de que el pintor cumpliera con su cometido.
Rafael decidió qué colores de ropa llevaría la muchacha. Incluso eligió su peinado, cuál pose adoptaría y cuál sería su expresión. Al principio quiso que sonriera, pero al analizar los bocetos que realizó de la muchacha, le pareció que demostraría su encanto natural si su expresión fuese neutra, con la mirada fija al niño Jesús que estaba frente a ella, de pie, mientras que San Juan Bautista estaría de rodillas, mirando a Jesús y con una cruz a cuestas. La muchacha, al final, mostró una expresión de ternura, como sólo una madre joven y bella puede tener al mirar a sus hijos, soñando con verlos crecer y ser felices. La muchacha, que representaba a la Virgen María, parecía tener esa esperanza puesta en el niño Jesús, quizás ignorando cuál sería su verdadero destino, quizás sin esperar que aquel pequeño gordo y fuerte sucumbiera ante el pecado de los hombres. Por lo tanto, el pequeño Juan se encontraba ahí, con la cruz, como un aviso a lo que iría a suceder. Fresca, bella, pura… así se veía aquella Virgen María, una muchacha al servicio de Dios y que, por su alma inmaculada, aceptó la difícil tarea de llevar en su vientre al hijo de Dios, quien salvaría a la humanidad del pecado y de la muerte.
Tiempo después, Filipo recibió la obra finalizada, firmada en la orla del manto de la Virgen como “Raphaello Urb-MDVII·”. Era una calurosa mañana de 1507 en que Rafael, al fin, terminó la obra y entregó a la muchacha algunos de sus mejores bocetos, agradeciéndole el tiempo que le dedicó para cumplir con su encargo.
Filipo observó el cuadro, fijándose en cada detalle de los rostros, del peinado de la muchacha, de su vestido, de las flores que rodeaban al trío, del pueblito que se veía a lo lejos, de las plantas y del intenso cielo azul que se encontraba al fondo, resaltando aún más la luminosidad del sol al aire libre, lejos de la urbanización y en contacto con la naturaleza.
Mientras el patricio buscaba algún sitio donde colgar su cuadro, la muchacha conoció a un joven mozo quien se enamoró perdidamente de ella. Años después, se casaron y tuvieron hijos.
Ella jamás olvidó a Rafael, a quien no volvió a ver nunca más y que, por los parloteos de los chismosos de su pueblo, se enteró de que falleció en Roma en 1520. Lloró y rezó varios días por su alma, mientras observaba aquellos bocetos que le regaló en sus días de juventud y plenitud.
Su marido, al verla triste y con esos dibujos, le preguntó quiénes los realizó. Ella le mostró los bocetos y dijo:
-       Su nombre era Rafael Sanzio. Falleció hace poco. Nos conocimos en las afueras de Florencia, cuando yo era una mujer joven y pura. Él solo buscaba inspiración para su cuadro y dijo que yo era la indicada para lograr su cometido.
-       ¿Y no hubo romance de por medio?
-       ¡Para nada! ¡Lo juro! Cuando te conocí, era pura e inocente. Solo contigo tuve la dicha de conocer al amor y cumplir el deseo de toda mujer. Y sabes bien que estoy feliz de estar contigo.
El marido sonrió. Luego, la llevó al jardín y observaron las flores, que se estaban marchitando poco a poco por el inicio del otoño.
-       Somos como las flores- dijo el marido- pronto nos marchitamos y morimos. Mas, sin embargo, tu pureza e inocencia permanecerá en el tiempo.
Y así fue. El cuadro de Rafael pasó de mano en mano hasta llegar a Francisco I de Francia, quien desde siempre se había fanatizado con las obras de arte renacentistas de Italia. Pasaron los siglos, cayeron monarcas, se declararon guerras y se firmaron miles de tratados de paz que, posteriormente, fueron quebradas u olvidadas. Sin embargo, el cuadro de Rafael perduró y fue conservado en un museo bajo el nombre de “La bella jardinera”. 

lunes, 10 de septiembre de 2012

¡¡¡Corten!!!



El villano estaba oculto detrás de un muro gris y sucio, en espera de su próxima víctima. A sus pies, se hallaba el “delator”, el que acudió a la comisaría para denunciarlo por el secuestro y asesinato de la hija del ministro. Gracias a sus influencias, logró escapar y acabar con el traidor.
Una joven cruzó la calle. Era muy linda y llevaba unos tacos altos que, sin duda, la dificultaría al querer correr por su vida. La chica estaba cerca. El villano, ansioso, empuñó su arma listo para atacarla…
-      ¡Corten!- gritó el director, que se encontraba a unos metros del “villano”.
El actor que hacía del villano y la actriz principal se sentaron en el suelo, aliviados de que, por fin, podían tomar un descanso después de estar horas rondando la escena.
El “delator” se levantó, se limpió la sangre falsa que aún tenía en el rostro y dijo:
-      ¡Ya era hora! Me dolía el cuerpo de tanto estar tirado en el piso.
-      Estos tacos me hincharán los pies- dijo la actriz, sacándoselos y arrojándolos a un lado.
-      Espero que haya salido bien esta escena- dijo el actor- lo hemos ensayado por horas.
-      ¡Salió perfecto! ¡Felicidades!- dijo el director, acercándose a los tres actores y estrechándoles las manos con fuerza- ¡Esto es todo por hoy! Mañana continuaremos con la siguiente parte.
Héctor, el “villano”, se acercó a Lucrecia, la actriz principal. Los pies de Lucrecia se veían muy lastimados con los tacos que se vio forzado a usar para la escena. Ella miró los calzados, que aún seguían en el suelo, y dijo:
-      Si mi hermana los viera… ella adoraba los tacos altos.
-      Que eso no te afecte- le dijo Héctor, tomándola suavemente por el mentón y levantando su rostro en dirección a su mirada- lo de tu hermana fue un lamentable suceso, pero no deberías sentirte culpable. Ahora eres una gran actriz y todos esperan que triunfes en esta película.
-      Gracias, Héctor. Siempre has sido muy bueno conmigo.
Héctor y Lucrecia se miraron fijamente. Aunque decían ser solo amigos, en el fondo se amaban y deseaban estar siempre juntos. Por lo que, lentamente, se acercaron y se dieron un beso apasionado…
-      ¡Corten!- gritó el director, que estaba a unos metros frente a la pareja.
El actor que se hacía pasar por Héctor se separó de la actriz que se hacía pasar por Lucrecia y dijo:
-      ¡Ya era hora! ¡No soportaba besar a esta arpía!
-      ¿A quién llamas arpía, boludo?
El actor que interpretaba al director y el director se acercaron y los separaron, intentando tranquilizarlos.
-      ¡Vaya! ¡Realmente es divertido cuando dos actores que se odian deben fingir que se aman!- dijo el falso director.
-      ¡No es divertido!- dijeron los dos actores, al unísono.
-      ¡Basta!- dijo el director tan alto, que todos los del set se quedaron callados por el susto- ¡Lisa y Gerardo, deben aprender a llevarse bien! ¡Recuerden que eso depende de que la película tenga éxito! así que olviden sus diferencias y dense la mano en señal de paz.
Lisa y Gerardo se miraron con rabia. Luego, con mucha vergüenza, se dieron la mano para luego soltarse y dirigir la mirada hacia otro lado.
-      Bien. Con eso es suficiente- dijo el director, dando un solo aplauso- mañana continuaremos con la escena. ¡Pueden ir a sus casas!
Lisa se encerró en su camerino y empezó a arrojar sus cosas con rabia. Luego, sacó de su bolso unas pastillas y se las tomó de un solo trago. Se miró al espejo, respiró hondo y dijo:
-      Maldito Gerardo… ¿Por qué tengo que hacer una película con él? ¡Y todo porque es el amante de ese estúpido director!
-      ¡Corten!- gritó el director, que estaba a unos metros de ella.
La actriz que se hacía pasar por Lisa miró al director y sonrió, en espera de su aprobación.
-      Nada mal, Sofía- empezó a decir el director, dándole una toalla para que se secara el sudor que tenía en el rostro- aunque me hubiese gustado que demostraras más… dramatismo, odio, rencor… ¡Que todos tus malos recuerdos aflores y demuestres a la mujer rencorosa que llevas dentro!
-      Es que amo tanto a mi novio, señor- le dijo Sofía, devolviéndole la toalla- Jorge es todo lo que quiero en la vida.
-      Y yo también te amo, Sofía- dijo Jorge, el que interpretaba a Gerardo- y gracias a nuestro amor, haremos de esta película un éxito.
-      Sí, sí, muy lindo. Pero deben mejorar sus actuaciones para la próxima. Ya pueden ir a sus casas.
Jorge y Sofía tomaron sus cosas y se marcharon. Tuvieron una jornada muy tediosa y estaban felices de haber terminado.
Jorge era el que manejaba. Como era de noche, casi ya no había tránsito. Pero por la lluvia, la calle estaba muy resbaladiza y debía andar con cuidado.
-      ¿Amor? ¿Crees que soy una buena actriz?- le preguntó Sofía a Jorge, a mitad de camino.
-      ¡Claro que lo eres- le dijo Jorge- ¿Por qué me lo preguntas?
-      El director me dijo que debía dar más de mí para que la escena fuese real.
-      ¡Es un exagerado! Mira, eres hermosa, lista, inteligente y siempre has luchado para hacer tus sueños realidad. Y ahora vives de tu sueño. ¿Qué más quieres?
-      Que me abraces y me hagas el amor.
-      Descuida. En casa ye tengo preparado una sorpresa.
Un perro se paró frente a la calle. Jorge lo esquivó, perdió el control y el auto resbaló por el asfalto, estrellándose contra un pilar. Jorge recibió muchas heridas, pero Sofía se llevó la peor parte. El impacto justo se produjo en el sitio donde estaba sentada, por lo que su cuerpo fue totalmente descuartizado y perdió la vida en cuestión de segundos.
Jorge miró a su novia, estupefacto. Intentó despertarla, pero no podía. Deseaba que todo eso fuese una pesadilla, que Sofía siguiese viva y siguiera amándolo como siempre. Pero solo veía a una mujer muerta, con un futuro hecho añicos por un accidente de tránsito. Al final, de la boca de Jorge salió un grito desgarrador, capaz de lastimar el corazón de hasta la persona más cínica del mundo…
-      ¡Corten! ¡Quedó estupendo!- gritó el director, que estaba a unos metros de la maqueta a escala del auto descuartizado.
Los dos actores, que interpretaron a Jorge y a Sofía, salieron del auto y se sacudieron la sangre falsa que tenían en sus cuerpos.
-      ¡Guau! ¡Eso fue espectacular, Ramiro!- le dijo la actriz al que interpretó a Jorge.
-      Bueno, soy actor. Y de los buenos- le dijo Ramiro- por cierto, Samanta, tú tampoco lo hiciste nada mal.
El director se acercó a los actores, sonrió y dijo:
-      ¡Me han conmovido! ¡En serio! Debo confesar que sentía miedo por cómo actuarían, dado que son primos y deberían interpretar a una pareja de actores que se aman con pasión. Por eso, debo decir que superaron mis expectativas. ¡Esta película tendrá éxito internacional!
Samanta y Ramiro salieron del set y se sentaron frente a una mesa de bocaditos. Tenían tanta hambre que empezaron a devorar todo lo que encontraban.
-      Si sigo así, este vestido ya no me quedará- dijo Samanta, tragándose tres empanadas.
-      Sí. Deberías cuidar tu silueta- le advirtió Ramiro, sacándole la otra empanada que se iba a comer.
-      ¡No seas pesado!- bramó Samanta, arrojándole una croqueta a la cara.
Ramiro le arrojó a Samanta otra croqueta. Luego ella le arrojó un sándwich y, así, iniciaron una guerra de comida que los ensució por completo…
-      ¡Corten!- gritó el director, que estaba frente a la mesa de bocaditos.
La supuesta “guerra de comida” fue interrumpida bruscamente. El director se acercó a los actores que interpretaban a Ramiro y Samanta y les dijo:
-      Bien, nada mal para el primer intento. Vuelvan a sus sitios y empecemos todo nuevamente…

lunes, 20 de agosto de 2012

El cuerpo de Cristo


-      Este es mi cuerpo que será entregado por ustedes y por todos los hombres para el perdón de los pecados.
Estaba en su primera comunión. Anahí observó aquella hostia, casi tan grande como las manos del sacerdote, en representación del cuerpo y alma de Cristo Nuestro Señor. Detrás del sacerdote, se encontraba la imagen del hijo de Dios, crucificado, con la expresión de tremendo sufrimiento y dolor, seguramente observando el cielo y exclamando: “¡Señor mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?”
-      Esta es mi sangre que será derramada por ustedes y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Hagan esto en conmemoración mía.
Anahí observó la copa de plata, donde el sacerdote derramó el vino en representación de la sangre de Cristo. Las manos le temblaban, como si realmente tenía la sangre derramada por las heridas causadas con el látigo, los golpes, la corona de espinas y los clavos. La niña volvió a dirigir su mirada en la imagen de Jesús, como si quisiera ver qué expresión ponía al ver su sangre repartida ante los fieles que asistían a aquella milenaria ceremonia.
Cuerpo y sangre. Sangre y cuerpo. Al recibir la hostia, le dijeron a Anahí que se aseguraba la salvación. ¿Salvarse de qué? Si los humanos ya adquieren el pecado original al nacer. Con solo respirar ya se ha cometido pecado. El solo pensar es pecado. Todo es pecado. Por eso, debía confesarse, asumir su culpa y aceptar el espíritu del Señor con la sagrada Eucaristía. La hostia estaba ahí, como promesa de estar cerca de la salvación, por más que ya estaba corrompida desde su nacimiento.
Llegó el momento de recibir la hostia. Anahí formó fila, junto con otros niños que se adentrarían por completo al mundo de Dios. El sacerdote tenía las hostias dentro de otra copa de plata. Todas tenían el tamaño de una moneda de mil guaraníes, por lo que Anahí intentó calcular cuantas hostias se podían crear con un cuerpo si tenían ese tamaño.
Cristo estaba ahí, con su mirada de sufrimiento, recordándoles a todos que lo que pereció fue para salvar a la humanidad. ¿De qué? Le dijeron que del pecado. Necesitaba perecer para abrir las puertas del cielo. Aún así, no todos eran aptos para disfrutar del Paraíso. Entonces, ¿Para qué sufrir? Si al final todos nacieron con el pecado original y condenados de por vida al infierno o purgatorio. Pecado, culpa. Culpa, pecado. A Cristo no le sería nada agradable que comieran su cuerpo, bebieran su sangre. Anahí sentía que, al menos, a ella no le gustaría que otras personas le comieran. Y estaba segura de que ni a sus compañeros de catecismo, ni a sus padres, ni siquiera al mismo sacerdote, les gustarían que se les comieran.
Ya estaba cerca. Respiró hondo y rechazó todo pensamiento negativo. Si tenía que hacerlo, era por el bien de su alma. Bajó la mirada para no seguir viendo a Cristo crucificado y agonizante. Solo observó la hostia, que para nada parecía ser hecha con el cuerpo de alguien. Solo era un pedazo de pan, hecho con harina y trigo. Sus ingredientes nacieron de la tierra y todo lo que crecía en la tierra era para alimento. Eso la calmó y, cuando sintió la textura de la hostia con su lengua, no sintió que recibía el cuerpo de Cristo, sino la abundancia y nutrición de las entrañas de la tierra.
Una vez que tragó la hostia, volvió a su asiento y sintió que seguía portando con la cruz del pecado. Pero, al menos, ya no sentía la angustia de probar el cuerpo de Cristo. Su alma podía irse en paz. 

jueves, 9 de agosto de 2012

Tesoros


Pablo y Lucas quisieron jugar a enterrar tesoros, para así los arqueólogos del futuro desentierren sus cosas y examinen sobre sus vidas.
En realidad, los “tesoros” que enterrarían serían una colección de casettes, diskettes, figuritas de sus estrellas favoritas, un reloj pulsera que ya no funcionaba y un antiguo juguete a pila de un payasito con tambor.
-       ¿Qué crees que dirán los arqueólogos futuristas cuando encuentren nuestras cosas?- le preguntó Pablo a Luis, mientras cavaban lo más profundo que podían.
-       No estoy seguro- dijo Luis- pero creo que dirán que son esos “objetos de culto” con el cual representábamos a “nuestros dioses”.
Ambos rieron por la ocurrencia y siguieron cavando.
De pronto, sintieron que sus palas golpeaban una superficie dura. Separaron la tierra y se encontraron con un baúl de madera, de un metro y medio de largo, terriblemente pesado.
-       ¿Será que a alguien se le ocurrió la misma idea que a nosotros?- preguntó Luis.
-       A lo mejor- dijo Pablo- vamos a sacar este baúl de aquí.
Con mucho esfuerzo, levantaron el baúl y lo situaron fuera del pozo que estaban cavando. El baúl no parecía muy antiguo, más bien parecía que permaneció bajo tierra por unas cuantas décadas. Estaba cerrado con un simple candado oxidado, por lo que lo golpearon con una de las palas para romperlo.
Una vez roto el candado, abrieron el baúl y, lo primero que encontraron, fue una muñeca de porcelana. La muñeca tenía un vestido con encajes y volados, de color rojo y verde. Sus cabellos eran finos, enrulados y de color dorado y tenía unos ojitos de vidrio de color azul.
Aparte de la muñeca, encontraron dos candelabros de bronce, unas vasijas viejas con caracteres chinos, un abanico de papel que tenía escrito un haiku y un hermoso juego de té de porcelana fina.
-       ¡Guau! ¡Esto es maravilloso!- dijo Luis, mientras observaba a la muñeca con atención- ¿De qué década serán?
-       Deberíamos consultarlo con un especialista- dijo Pablo, mientras observaba los candelabros- conozco a uno que tiene una tienda de antigüedades. Estos objetos deben de valer algo…
Luis, que observaba a la muñeca, le pareció que ésta movía ligeramente los ojos. Eso le causó tal impresión que la arrojó con fuerza.
-       ¡Oye! ¿Qué haces?- bramó Pablo- ¿Cuál es tu problema?
-       La… muñeca… ¡Movió los ojos!- dijo Luis, señalándola y temblando de pies a cabeza.
-       ¡No seas ridículo!- le dijo Pablo, levantando la muñeca- lo que pasa es que, de seguro, son de esas muñecas que abren y cierran los ojos. Mi hermanita tenía una, pero de plástico. ¿Tranquilo?
-       Perdón. Fui un tonto- dijo Luis, sonrojándose- ¿Y qué haremos? ¿Volveremos a enterrar todo, junto con nuestras cosas? ¿O consultamos con el especialista?
-       Consultemos con un especialista- decidió Pablo, guardando todos los objetos en el baúl- pero no olvidemos enterrar nuestras cosas. Quien sabe. A lo mejor algún otro idiota encuentra nuestro payasito y creerá que está vivo.
-       Jaja, qué gracioso.
Enterraron sus cosas y llevaron los objetos del baúl rumbo a la casa de antigüedades, donde de seguro el encargado determinaría de qué año serían dichas reliquias y les pagaría una buena cantidad por obtenerlas.
Al llegar al local, fueron atendidos por un anciano de cabellos blancos y que tenía puesto unos lentes de marco grueso. Pablo le explicó al encargado de la tienda lo que hayaron y les mostró el baúl. El anciano lo examinó, le dio algunos golpecitos y, luego, dijo:
-       Este baúl data de la década del 40… no estoy seguro… incluso puede ser más antigua. Veré lo que hay en su interior.
Con mucho cuidado, el anciano abrió el baúl. Pablo y Luis lanzaron un grito de sorpresa, al ver que no estaba la muñeca ahí adentro.
-       ¿Una muñeca?- les preguntó el especialista, cuando los muchachos le hicieron ver lo que faltaba.
-       Sí- dijo Luis- entre esos objetos había una muñeca de porcelana, que podía mover los ojos. ¡Qué extraño! ¡Todos los objetos están aquí, menos la muñeca!
-       ¿No se les habrá caído?- preguntó el especialista.
-       ¡Pero si estoy seguro de que la guardamos en el baúl!- dijo Pablo, revolviendo todos los objetos.
-       ¡Tranquilo, muchacho!- dijo el anciano, tomándole del brazo a Pablo- ¡Son objetos delicados! ¡Cualquier mala manipulación y podrían destruirse!
El especialista sacó uno a uno los objetos, los distribuyó encima de una mesa larga y los examinó con una lupa. De vez en cuando, los iluminaba con una lamparita y los palpaba con un dedo, suavemente, para determinar mejor la textura. Hizo una que otra anotación en una libretita y, al final, les preguntó a los jóvenes cuál era la ubicación exacta en que realizaron la excavación.
-       Es en el baldío, que está al lado de mi casa- dijo Pablo- hace poco lo limpiaron y aprovechamos para jugar a enterrar “tesoros”.
-       Mmmh… ya veo- murmuró el anciano- ¿Y dónde queda ese baldío?
Pablo le dio la dirección exacta y, entonces, el anciano puso una expresión de sorpresa.
-       ¿A qué no sabes lo que había ahí antes?- le preguntó el especialista a Luis- antes, en ese lugar, más precisamente en esa manzana, había una mansión maldita. Cuando yo era un niño, fue demolida. Eso habrá sido en la década del 30… o 40… no estoy seguro.
-       ¿Pero por qué fue demolida?- le preguntó Pablo.
-       Nadie quería comprarla. Decían que, ahí, vivió una bruja cuya habilidad era vender juguetes malditos. Según sé, heredó una fábrica de juguetería muy prestigiosa en su época. Pero, con el correr de los años, se corrió el rumor de que los niños salían gravemente heridos con sus juguetes. Todos, entonces, dejaron de comprar esos juguetes y la empresa quebró. Solo le quedaba esa mansión, por lo que la puso a la venta. Pero como todos creían que la mansión estaba maldita, entonces nadie la compró. Un día, la dueña desapareció misteriosamente y solo encontraron una muñeca de porcelana, de vestidos rojo y verde, cabellos dorados y ojos de vidrio azul.
-       ¡Igual que la muñeca que encontramos!- dijeron Pablo y Luis, al unisono.
-       ¡Sí! Los vecinos temieron que la muñeca estuviese maldita, por lo que la enterraron bajo tierra y, ante la presencia de un cura, bendijeron el lugar y esparcieron agua bendita. Tiempo después, dado que la mujer jamás apareció y por órdenes del municipio, demolieron la mansión y dividieron el terreno en lotes, en donde construyeron viviendas que, hasta donde sé, no fueron afectadas por tal maldición. Sin embargo, hasta ahora, solo quedó ese baldío, que era el sitio exacto donde enterraron la muñeca. Es como si las personas, inconscientemente, temen construir aunque sea un pequeño jardín en ese lugar.
-       Pero entonces… ¿Por qué desapareció la muñeca?- preguntó Luis- ¿Eso quiere decir que existe la tal maldición?
El anciano se encogió de hombros, sin añadir nada más. Fue lentamente hacia su escritorio, sacó de un cajón unos billetes, los contó y se los entregó a los muchachos.
-       Eso es lo que valen estos objetos- les dijo el especialista- gracias por la confianza.
Luis y Pablo, satisfechos, salieron de la tienda y fueron directamente al baldío, creyendo que ahí encontrarían a la dichosa muñeca.
Pero no la encontraron. Solo seguía ese montón de tierra, recién cavada, donde se encontraban sus objetos.
-       ¿Sabes lo que creo?- dijo Pablo- creo que, por un lapsus mental, metimos la muñeca entre nuestras cosas y la volvimos a enterrar.
-       A lo mejor- dijo Luis- pero estaba bien seguro de que la metimos en el baúl.
-       Ya te lo dije, es lapsus mental, nada más. ¿Sabes? Un tiempo estuvieron muy de moda los “juguetes malditos”. Hemos visto mucho de “Chuky” y “Jumanji”. Pues bien, te dejaste llevar por esos cuentos y creíste, en tu subconsciente, que habías encontrado una muñeca maldita.
-       ¿Y qué hay de la historia del anciano?
-       ¡Bah! ¡En esa época la gente era muy supersticiosa! Seguro, la tal bruja era solo una mujer con “ideas locas” para sus tiempos. Pero bueno, el pasado tiene muchos misterios y nosotros dos, simplemente, contribuimos a aumentar dichas incógnitas al enterrar nuestros objetos. ¿Satisfecho?
-       Mmmh… como digas. La verdad, no quisiera tener problemas por un “juguete maldito”.
Salieron del baldío y fueron cada uno a su casa. De entre los yuyales, y por la luz de la luna, se vislumbró el reflejo de dos ojos de vidrio. El brillo de los ojos empezó a titilar, desquiciada, maquiavélica, inquieta y ansiosa por burlar, una vez más, la racionalidad de los estúpidos que se resistían a temer y respetar los hechizos de un pasado aterrador y emocionante a la vez.