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Esta página fue creada para mostrar algunos cuentos, reflexiones, poemas y dibujos que hice a lo largo de los años. Si tienen dudas o sugerencias, por favor escribanme a mi mail Solestelar@gmail.com e intentaré responder sus mensajes. Desde ya, gracias por visitar el blog ^^

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viernes, 20 de mayo de 2011

El mundo de la oscuridad

Ya no me acuerdo cuándo fue que comencé a viajar por el espacio. La verdad, eso no es tan importante. Lo importante es lo sorprendente que es el universo, de manera a que produce diversos tipos de vida de acuerdo a los planetas, satélites y asteroides que habitan.

En uno de mis viajes, encontré un planeta solitario. No giraba alrededor de una estrella como normalmente lo hacen los otros planetas. Simplemente estaba ahí, andando sin rumbo y a su completa libertad. De seguro fue rechazado por el sistema solar en donde se encontraba. Suele pasar cuando la estrella ya no puede contener a tantos planetas, o cuando la misma se ha extinguido.

Me dio curiosidad. Por lo tanto, aterricé en ese planeta y me sorprendí por lo que estaba viendo. Paré en el medio de una gran pradera. Solo había prados, pero a lo lejos podía distinguir algo parecido a un bosque… o a una ciudad… ¡No estoy segura! Pero de que estaba habitado, estaba habitado.

Antes de bajar, calculé el nivel de oxígeno y otros gases de los cuales, sin esos, no podría respirar. Mi nave tenía unos sensores excelentes, de manera a que podía determinar si era necesario usar mi traje espacial o no. Encontré que carecía de oxígeno e hidrógeno, pero tenía una alta cantidad de dióxido de carbono. Por lo tanto, tuve que ponerme mi traje para explorar ese lugar.

Me puse mi traje y salí de la nave. No tenía tanta gravedad como la Tierra, por lo que me sentía liviana y podía dar saltos muy altos. Por un momento estuve entreteniéndome de esa manera, hasta que me percaté de que alguien me estaba observando.

Lo ví. Era una persona… o eso parecía. Tenía los brazos y las piernas más largas que un terrícola normal. Llevaba puesto unos pantalones anchos, pero supuse que sus piernas eran delgadas. Aunque estaba todo oscuro, pude distinguir su expresión. Parecía sorprendido, tenía la boca y los ojos abiertos. Sus ojos brillaban a la luz de las estrellas y parecían ser blancos como la luna.

Quise acercarme, decirle que no le haría daño. Esa persona no se movió. De seguro se paralizó del susto. De todas formas, ¿cómo le hablaría? ¡Ni siquiera sabía si hablaban o no! Aunque yo tenía un casco, sabía que él podía ver mi rostro. Por lo tanto, me acerqué lo suficiente para mostrarle una sonrisa de calma y paz. Me ha servido en muchos planetas, por lo tanto, no dudé que en ése también me serviría.

La persona vio mi sonrisa y cerró la boca. Luego me habló. Efectivamente, me habló en otro idioma. Cuando vio que no le entendía, entonces extendió su mano y me invitó a que lo siguiera.

Sus dedos eran largos y finos. Los tomé y me sorprendí lo fuerte que apretaba mis manos. Empezó a caminar y yo lo seguí. Por un momento, sentí que flotaba, dado que caminamos rápido y ese planeta carecía de gravedad. Pero pude controlar eso y seguirle el ritmo.

El cielo era oscuro. Solo las lejanas estrellas se podían vislumbrar a lo lejos. Por lo que pude ver, de entre los prados aparecían pequeñas lucecitas que se esparcían por todos lados e iluminaban el lugar. Más tarde, me di cuenta de que esas lucecitas eran un tipo de luciérnagas o bichitos de luz que habitaban el planeta.

Nos acercamos a un poste muy alto, casi de tres metros. Me señaló hacia arriba y me dijo algo. Por lo que noté, supuse que él quería que saltara hasta encima de ese poste. Empecé a negarme y me dije:

- Eh… no sé saltar tan alto… perdón…

Él, al escucharme, saltó. Me sorprendí lo rápido que llegó hasta el poste. Luego se bajó y, con señas, me indicó que hiciera lo mismo. Al final, accedí. No sabía lo que podía pasar si me negaba. A lo mejor los nativos de ese planeta no eran pacíficos o se enojaban con facilidad.

Salté. La verdad, retrocedí unos cuantos pasos y, tomando impulso, di un salto. Me sorprendí lo alto que pude saltar. Logré aferrarme a la punta del poste. Cuando lo logré, miré hacia el horizonte. Ya sé, es un decir. En un mundo donde no existe el sol no creo que haya “horizontes”.

Lo que hice fue que miré a mi alrededor y me sorprendí de lo que había. Hacia un lado había más postes, todos brillando con mucha intensidad. Hacia otro lado, veía el bosque o la ciudad. Estaba muy oscuro, pero pude distinguir unas cuantas lucecitas. Por lo tanto, al final supuse que era una ciudad.

Me solté y caí al suelo suavemente. El nativo me sonrió. Luego, dijo una sola palabra: “Milat”

Se señaló a sí mismo con las dos manos, repitiendo de nuevo “Milat”. Me dí cuenta de que se quería presentar. Por lo tanto, tomé su ejemplo y, señalándome, le dije mi nombre.

El volvió a sonreír. Unas luciérnagas se acercaron a él y pude ver mejor su rostro. Tenía la tez muy fina, sin ningún grano, lunar o cicatriz que lo deformara. Sus ojos eran verdes, pero estiraban mucho al azul. No estaba segura de si era hombre o mujer, pero era una persona muy hermosa y me di cuenta de que también era buena.

Seguimos explorando juntos el planeta. Poco a poco, me iba enseñando su idioma y yo hacía lo mismo también. No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero estaba feliz de encontrar un amigo.

Pero pude entender algo. Ese planeta siempre vivió en la oscuridad. No conocen lo que es “día”, ni “sol” ni nada relacionado a eso. Se guían por la posición de los planetas y, dado que solo existe la noche, solo tienen dos estaciones: otoño e invierno.

Los postes fueron algo que ellos mismos construyeron. Cada tanto, se iluminan automáticamente para que los peregrinos se guíen por las mismas. Pero lo que no me quedaba claro era cómo las plantas podían subsistir sin la fotosíntesis del sol. Y eso que el planeta estaba repleto de plantas. Supongo que las plantas tienen la capacidad de captar las lejanas estrellas que se vislumbran en el eterno cielo oscuro. O puede que los postes y las luciérnagas hagan ese trabajo. Aún así, el estar en un planeta con esas características me daba la sensación de estar en un cuento de hadas. Era hermoso ver las plantas iluminadas por pequeñas lucecitas, como si fueran iluminadas por la luz de la luna. Pero más disfrutaba estar con Milat, que me mostraba más cosas maravillosas y cada vez nos entendíamos más.

Llegamos a una especie de palmera. Él sacudió la planta y de ahí salieron más bichitos de luz. Éstos me rodearon y me sentí feliz. Luego, tomados de las manos, empezamos a dar vueltas alrededor de la palmera y empezamos a reir a carcajadas.

Luego, nos acostamos en la pradera y vimos las estrellas. Intenté hablarle en su idioma, aunque creo que no me salió bien. Él se rió y, con mucho esfuerzo, me dijo:

- A… prendes… rápido… linda… “estraña”

Me reí también.

No me acuerdo cuánto tiempo estuvimos así, pero no sentí ni cansancio ni sueño. De seguro, al estar en un mundo de eterna noche hace que no me preocupe por esas cosas. Pero también extrañaba al sol y a los días calurosos. Sabía que no podía estar en ese mundo para siempre, por más que Milat sea una persona buena y generosa. Ese mundo tendría sus países, sus pueblos, su historia. Incluso, habrá evolucionado a su manera y sin necesidad del sol. Ese planeta tenía su propia naturaleza y, como bien dice la frase, “la naturaleza es sabia”. Los seres vivos de ese planeta sabrán cómo pudieron sobrevivir sin fechas, ni años y solo guiados por las estrellas. Por lo tanto, no era un lugar donde una persona como yo podría vivir normalmente. Los terrícolas necesitan del sol de vez en cuando. Y necesitan que las plantas y los animales también reciban la energía del sol para reproducirse y generar la cadena alimenticia.

Cuando llegó la hora de marcharse, podía hablar perfectamente con Milat. No me acuerdo cuánto tiempo estuve junto a él, pero tampoco recordaba el haber descansado en ningún momento. Lo que sé es que Milat, a diferencia de mí, no podría aguantar el vivir en un planeta que gire alrededor de una estrella y que esté marcada por el día y la noche. Su organismo ya estaba acostumbrado al mundo oscuro, así como mi organismo estaba acostumbrado a un mundo como la Tierra.

- Milat ed malua ben vilat (Milat te desea un buen viaje)- fue lo que me dijo, a la hora de la despedida.

- Yo también te deseo suerte- le dije.

Y después de un largo abrazo, subí a la nave y dejé ese planeta de oscuridad.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Les presento la "Marinciclopedia"

No me acuerdo bien, pero ocurrió un fin de semana lluvioso. En realidad es recopilación de palabras varias, a las que les doy mi propio significado o el significado que me parece adecuado. Es tipo una enciclopedia, pero de esas que no sirven para hacer simples trabajos prácticos de escuela o facultad. Para que vean a qué me refiero, les mostraré algunas palabras a las que les di mi propio significado. Espero les guste ;)

Autoayuda: También escrito autoayuda, auto-ayuda o Auto Ayuda. Normalmente son consejos o recomendaciones de cualquier cosa para que uno mismo resuelva sus problemas. Puede ser de cualquier tema, pero los que más abundan son del ámbito espiritual. Hay varias formas de recurrir a la autoayuda, pero las más utilizadas son estas:
• Libros: normalmente son escritos por personas que pasaron por el mismo problema o por personas que creen que son superiores al resto. Los más famosos, en libros, son de lo espiritual y religioso. El autor más famoso en esta rama es Paulo Coehlo.
• Películas: a veces son documentales o historias que te enseñan a autosuperarte y demás. Casi siempre están basados en los libros de autoayuda. Lastimosamente, muchas de estas películas son casi siempre calificadas de regulares a muy malas.
• Músicas: es muy utilizado para atraer a la población joven, si son adaptadas al rock, pop o reggaetón. Se supone que ayudan a elevar el espíritu o a hacerte feliz.

Filosofía: materia que te ayuda a pensar y reflexionar, cuando estás tekorei, acerca del ser o no ser o del sentido de la vida y demás.

Baches: relacionado directamente con basurales, descuidos e irresponsabildad por parte de las autoridades. Normalmente se le identifica a las calles que tienen todo tipo de agujeros, desde los leves hasta los que ya son pozos profundos. Aunque en el gobierno también se encuentran ciertos “baches” que hacen que el dinero desaparezca en los bolsillos de los políticos.

Cine comercial: es un tipo de cine muy popular, hechos especialmente para atraer a las masas. Normalmente contienen temas populares como la acción, persecuciones policiales, historias a lo “Romeo y Julieta” y muchos efectos especiales. Es un poco despreciado por los intelectuales y muy aceptado por el resto de la población en general.

Cine independiente: es un tipo de cine muy diferente al que normalmente estamos acostumbrados. Carece de efectos especiales, no existen tantos movimientos de cámaras y, ocasionalmente, tienden a ser aburridos. Ideal para los intelectuales o personas de una inteligencia media para arriba.

Anti-todo: También escrito antitodo, Anti Todo o anti todo. Es aquel o aquella que nada le gusta, todo le parece basura. Nunca están conformes con nada porque ellos mismos se sienten, en el fondo, como unos fracasados.

Bien, eso fue una parte. Proximamente publicaré más palabras de la enciclopedia (propia) de Marisol, con "marifrases" y "marisoleadas" propias XP

lunes, 18 de abril de 2011

Costumbres propias y adaptadas

Por más que muchos rechazan la globalización o rechazan lo que tiene el país, igual somos personas con nuestra identidad nacional y, a la vez, somos multiculturales. A continuación daré pequeños ejemplos de aquellas costumbres que vienen de otros países y que se mezclan con costumbres propias.

Nos damos cuenta de que somos multiculturales cuando:

1) Comemos chipa acompañado de una coca cola
2) Nos vestimos con camisa de ao poi para ir a comer en un restaurante chino
3) Decimos "futbol" o "basketball" en lugar de "balon pie" o "baloncesto", mientras nos vestimos con remeras albirroja
4) Estudiamos el inglés, pero nos encanta maldecir en guaraní XD
5) Tomamos terere mientras escuchamos a una banda de rock inglés

Si alguien sabe más, pueden decirmelo, plis. Se los agradeceré con un aguije XD

lunes, 4 de abril de 2011

Libros e “ibuks”

Sofía y Ana siempre fueron las mejores amigas. No era que fuesen iguales, pero compartían una misma afición: el gusto por la lectura.
Desde pequeñas se destacaban en la clase por leer libros. Mientras los niños jugaban en los recreos, ellas dos se sentaban en un rincón y leían los libros que traían de sus casas o prestaban de la biblioteca. Se sabían desde los cuentos clásicos hasta los desconocidos. Y como amaban leer, nunca hicieron dramas en las clases por leer en voz alta. Incluso, los otros compañeritos le rogaban que les contaran la historia para hacer una tarea con tal de no leer el libro. Sofía, en ese aspecto, no cedía. Ana, en cambio, era más amable en ese tema y les comentaba lo que leyó.
Así crecieron, hasta que terminaron el colegio y cada una siguió su vida. A Sofía se le ocurrió estudiar Derecho para ser una excelente abogada. Ana, en cambio, siguió la carrera de Literatura y letras y se dedicó a la docencia. Con esto, las dos amigas se separaron por un buen tiempo, aunque siguieron comunicándose por teléfono y correo electrónico.
Un día, Ana recibió un correo de Sofía, en la que ésta le invitaba a su casa. Dijo que tenía una excelente colección de libros que mostrar y que, de seguro, le encantaría. La cita era el domingo por la tarde. Como Ana no tenía nada que hacer, aceptó la invitación.
Llegó el domingo. Sofía, luego de terminar sus estudios, salió de la casa de sus padres y se fue a mudar en un departamento. Por suerte, era cerca de donde vivía Ana, que también salió de la casa de sus padres y se compró una casita pequeña, pero linda. Odiaba los departamentos. Pero, por Sofía, aceptó ir en el suyo.
Cuando llegó, se sorprendió por lo mucho que cambió Sofía. Tenía el cabello corto y estaba más delgada. Ana, en cambio, seguía teniendo el pelo largo y recogido en una cola. Las dos amigas se abrazaron y empezaron a gritar de la emoción.
- ¡Tanto tiempo! ¿qué pasó de vos, que no venías más?- le dijo Sofía a Ana.
- Tuve mucho trabajo- dijo Ana- ¡Qué cambiada estás! Parecés una abogada.
- Y lo soy. Pero mejor pasá y dejemos de hablar de nuestros trabajos. Tengo que mostrarte mis libros.
Ana pasó con mucho gusto.
El departamento de Sofía era muy amplio. En una pared estaban colgados sus títulos y diplomas. La casa estaba llena de cuadros, pero en ningún lado vio una biblioteca llena de libros. La casa de Ana, en cambio, ya contaba con una biblioteca al entrar a la casa. La biblioteca estaba ordenada de acuerdo a los autores de los libros y de acuerdo a su categoría: novelas, cuentos, poemas, ensayos, etc…
Sofía la sentó en el sofá de la sala. Cuando Ana le preguntó por su biblioteca, Sofía le dijo:
- Ya lo verás. Te lo traeré enseguida.
Entró en una pieza y enseguida salió. En sus manos traía una laptop. Se sentó junto a su amiga, prendió la laptop y entró en una carpeta que estaba llena de documentos Word y pdf.
- ¿Y esto?- dijo Ana, sin entender.
- Es mi biblioteca- le dijo Sofía, como si fuese evidente- aquí tengo todos los libros que siempre he deseado, pero que nunca pude comprar. ¡Mira! ¡Tengo el libro completo de El Quijote! ¿No te parece emocionante?
Ana no sabía qué decir. Ya había oído hablar de esa clase de libros, que se leen directamente de la computadora y se bajan por internet. La verdad nunca se atrevió a tener libros así, dado que le parecía más cómodo leer los libros impresos. Sofía, desde siempre, fue amante de la tecnología y lo virtual. Por lo tanto, era comprensible que tuviese libros electrónicos, o “ibuks”, como los decía algunas personas.
- Vaya, y yo que esperaba encontrarme con una biblioteca normal- dijo Ana.
- Vivo en un departamento- dijo Sofía- no puedo tener tantas cosas. Por eso opté por esta clase de biblioteca.
- Pero las personas se impresionan más cuando entran en la casa de una abogada y ven su biblioteca- dijo Ana- siempre fue así.
- Es hora de cambiar ciertas costumbres- dijo Sofía- sé lo mucho que te costó el internet. Incluso tardaste tiempo en tener tu primer correo electrónico. Aunque no nos veamos mucho, nos comunicamos constantemente. Todo es gracias a la tecnología.
- Si, pero prefiero el contacto- dijo Ana- tu biblioteca es genial, pero hubiese querido palpar tus libros, hojear tus paginas… ¿lo entiendes?
- Puedes entrar en un archivo. No ojearas las páginas, pero podrías pasarlas.
Ana abrió un archivo que decía MUJERCITAS_LOUISA MAY ALCOTT. Conocía la historia, fue su favorita de cuando era niña, pero nunca leyó la versión original. Con el teclado, pasó las páginas que titilaban lentamente en la pantalla. Era la versión original de Mujercitas. Siempre quiso comprarlo y ojearlo antes de leerlo, así como oler sus páginas de libro recién comprado y hacer un espacio en su mesita de luz para acordarse de leerlo. No entendía cómo podía disfrutar de esas cosas si tenía el libro en una laptop, en la que tenía que hacer clik y buscar con el mouse la página en donde detuvo su lectura. Y dado que estaba dentro de una laptop, tampoco podía usar señalero. Y tenía una gran cantidad que fue coleccionando a lo largo de su vida. Tenía señaleros de cartulina, señaleros de colores, los de diseños extravagantes y los simples. Incluso, tenía señaleros naturales, que eran hojas secas, palitos recogidos del piso y hasta pétalos de flores secas. En todo eso pensaba mientras pasaba las hojas virtuales lentamente.
Cuando terminó las hojas, salió del programa. Miró a Sofía, que parecía muy feliz con su colección. Al final, le preguntó cuantos libros tenía dentro de esa máquina y le sorprendió lo que Sofía le dijo:
- Tengo exactamente 543 libros dentro de esa máquina. Y también tengo un CD, en donde tengo 600 libros más. ¿Y cómo crees que entraría toda esa cantidad de libros en este departamento? Será amplio, pero no tendré espacio para libros. Pero no te preocupes, en mi oficina tengo una biblioteca común, en donde puse las enciclopedias y libros de Derecho.
Ana abrió la boca al escuchar la cifra. Ella había tenido 800 libros en su casa, pero tuvo que tirar la mitad porque les afectó la humedad y el cupi’i. Fue una época muy dura y difícil. Lloró mucho al tener que tirar esos libros, y más porque eran los que siempre le gustaron. Y Sofía, en cambio, no solo tenía los libros en su laptop, sino también dentro de un CD. ¿No era eso injusto?
Pero entonces, se acordó de algo que le dijo una compañera de facultad hacia tiempo: que todo lo que venga de la computadora e internet nunca perduraría con el tiempo, porque solo basta con apretar un botón para eliminarlo todo. En cambio, el resto, se deteriora con el paso de los siglos y años, pero todavía se conservan y se pueden admirar y reparar. Sofía podría tener todos los “ibuks” que quisiera, pero si su laptop fuese afectado por un virus, todos esos preciados libros que le costó copiar y bajar de internet, desaparecerían por completo.
Pero decidió no aguarle la alegría a su amiga de la infancia. Hacía mucho que no se veían, y no se pondrían a pelear por diferencia de opinión. Al final, le dijo:
- Tu colección es excelente. Deberíamos leerlos algún día. ¿Sabes? Yo también tengo una espectacular colección de libros, pero de los impresos. ¿Cuándo vas a visitarme?
- Será en otro domingo- dijo Sofía- estoy ansiosa por ver esos libros.
- Bien, entonces pasa por mi casa el domingo que viene. ¿Aceptas?
- Acepto. ¡Nos veremos!
Al final, Sofía terminó copiando en un CD los libros que no tenía Ana, se los dio y le dijo que, si quería leerlos impresos, podía ir a una imprenta. Ana aceptó y le agradeció a su amiga.
Y desde ese domingo, se vieron con mucha frecuencia para leer libros, ya sea impreso o electrónico.

sábado, 26 de marzo de 2011

vuelta estrella de ideas

“¡Un! ¡Dos! ¡Vuelta estrella!”
Era la indicación que nos daba la profe de educación física en el colegio. Y todos nosotros debíamos agacharnos, apoyar los brazos por el suelo y, con el impulso de nuestras piernas, dar la famosa “vuelta estrella”.
No importa cuanto intentara, nunca me salía. Parecía más bien un tropezón de cabeza abajo. Nunca había sido buena con los ejercicios físicos. Y, la verdad, de pequeña, era igual de ágil a como lo es una tortuga intentando correr a toda velocidad.
“¡Vamos! ¡Otra vez! ¡Un, dos!...”
Por suerte, no era la única que sufría con ese traumático ejercicio.
Había una compañera, que era muy gorda, que ni siquiera podía levantar los pies del suelo. Por alguna razón, la profesora se la tomó con ella y le exigía una y otra vez que volviera a intentarlo. La pobre estaba muy cansada. Parecía que le derramaron agua por su remera, pero en realidad era su sudor. Algunos de mis compañeros se rieron al verla.
De seguro, esa compañera se sentía patética.
No la culpo. Yo también me sentiría así si tuviese sobrepeso y tuviese que hacer ejercicios. Al menos, de niña nunca tuve ese problema. Mi único problema fue la clase de educación física.
Cansada de verla sufrir, le llamé a la profesora y le pedí que me explicara mejor cómo hacer la vuelta estrella. Por un momento, la profesora se olvidó de mi compañera gorda y se acercó a mí. Todos nos rodearon en círculo, dejándonos a la profe y a mí en el medio.
- Quiero que todos atiendan bien. Necesitan de un buen cálculo y tener mucha fuerza y agilidad, tanto en los brazos como en las piernas. Lo primero que deben hacer es separar las piernas.
La profesora tomó mis piernas y me indicó cómo separarlas. Luego se puso a mi lado y dijo:
- Quiero que sigas mis movimientos. Cuando te lo muestre, grábalo en tu mente e inténtalo. No te saldrá bien la primera vez. Pero si practicas te saldrá de maravilla.
Entonces, la profesora me mostró su vuelta estrella. Era espectacular. Lo hacía con mucha agilidad y gracia, que parecía una bailarina de ballet. Me dí cuenta de que ella no intentaba separar los dos pies del suelo al mismo tiempo. Primero comenzó con el izquierdo y luego con el derecho, que lo usó para impulsarse hacia adelante. Y terminó apoyando el pie izquierdo, luego el derecho y, al final, sus manos se separaron en el suelo y quedaron por los aires.
- Bien, es tu turno- me dijo.
Sí, memoricé sus movimientos. Tengo buena memoria. Mi cuerpo es el problema. Hice tal como ella me lo mostró, pero no terminé con las manos en el aire. Más bien terminé con mis nalgas por el suelo. Logré hacer una vuelta, pero no logré terminar parada.
Algunos compañeros se rieron. La profesora les hizo callar y dijo:
- No está mal, solo te falta equilibrio. Bien, terminó la clase. Pueden ir al recreo.
Pasaron muchos años, hasta que finalicé el colegio con notas sobresalientes. La verdad, nunca logré que me saliera la vuelta estrella, pero ya no me importaba. Pronto comenzaría con la vida universitaria y tenía otras preocupaciones más importantes que atender.
Un día, encontré un anotador extraño. Lo abrí y encontré un pequeño texto que decía:
“¡Un! ¡Dos! ¡Vuelta estrella!”
Era la indicación que nos daba la profe de educación física en el colegio. Y todos nosotros debíamos agacharnos, apoyar los brazos por el suelo y, con el impulso de nuestras piernas, dar la famosa “vuelta estrella”.
Seguí leyendo el texto, en la que me pareció muy conocida la historia. Hasta que, al final, el texto terminó de esta manera:
Pasaron muchos años, hasta que finalicé el colegio con notas sobresalientes. La verdad, nunca logré que me saliera la vuelta estrella, pero ya no me importaba. Pronto comenzaría con la vida universitaria y tenía otras preocupaciones más importantes que atender.
Eso era todo lo que decía.
Y entonces, me di cuenta de que el texto redactaba una experiencia que tuve en la primaria, de cuando aprendimos a hacer la vuelta estrella. Lo que no entendía era por qué hablaba también de cuando finalicé el colegio, en el último párrafo. Por lo visto, quise escribir una historia luego de aprender a hacer la vuelta estrella y nunca supe cómo terminarla.
Era la única hoja escrita. El anotador tendría como cien hojas en blanco, todas a la espera de que alguien se apiadara de ellas y las llenara de letras, palabras, oraciones y párrafos.
Por lo tanto, decidí continuar con la historia. Comencé con que encontré el diario y recordé mi infancia. No solo me frustré con la vuelta estrella, también me maravillé con las notas que sacaba en matemáticas, cómo me hice amiga de mi compañera gorda y cómo ella, durante la secundaria, hizo dieta y se volvió delgada y bonita. Recordé la vez en que mi hermano me asustó con un sapo muerto, cómo mi mamá lo reprendió, cuando viajamos a Italia y fantaseamos con las batallas del coliseo. También cómo noté que, un día, mis pechos me estaban creciendo y ciertas ropas ya me quedaban chicas. Creo que fui una de las primeras en usar corpiño, para que los varones empezaran a querer tironearlo. Uno de ellos recibió como regalo un ojo hinchado de mi parte.
También recordé la vez en que cumplí quince años. Ya me sentía grande, aunque todos me trataban como una niña. Y cuando cumplí dieciocho, para descubrir que recién a los veinte años podría comprar bebidas alcohólicas.
Y veinte años después, estaba yo ahí, recordando el pasado y escribiéndolo en un anotador antiquísimo. Muchas cosas cambiaron en veinte años: antes quería crecer, ser adulta, que me saliera la vuelta estrella y ser una gran corredora. La verdad, crecí tanto que soy más alta que mi mamá, pero no me siento en absoluto una adulta y aún me cuesta hacer los ejercicios físicos.
En honor a mi infancia, decidí volver a intentarlo. Tal como lo hice en aquella clase de educación física, separé las piernas y empecé a calcular cómo haría la vuelta estrella. Y, sin pensarlo, apoyé las manos por el suelo y me impulsé hacia adelante.
Sería hermoso terminar este relato con que, teniendo veinte años, por fin logré la vuelta estrella. Pero la realidad es otra: mis piernas cayeron pesadamente al suelo, haciendo que perdiera el equilibrio y me cayera por completo.
Ya en el suelo, me puse boca arriba y miré el techo de mi casa. Volvieron mis recuerdos, haciéndome entender que ya no era la misma. Bueno, sigo siendo la misma persona, pero ya con otro carácter y otro físico. Empecé a reírme como nunca antes, sintiéndome tal como se había sentido mi compañera gorda cuando intentó hacer la vuelta estrella: una completa idiota.
Así me encontraron mis padres, que llegaron del trabajo. Me preguntaron qué me pasaba y qué hacía tirada en el suelo.
- No me pasa nada- les dije- solo estaba recuperando el tiempo perdido.
Ellos suspiraron. Solo yo me entiendo, pero estoy feliz. Esta vuelta estrella de recuerdos y memorias me hizo ver la vida de otra manera. Y también me hizo reflexionar mucho sobre lo que quería ser en realidad.
Me puse frente a mis padres y, mirándoles fijamente, dije:
- Ya sé lo que quiero estudiar. Quiero ser profesora de historia y de educación física.

sábado, 19 de marzo de 2011

Windusty, la ciudad mágica

Sinopsis
Llegó el momento de la hoguera. Iban a quemar a la bruja que, según los pueblerinos, estaba invocando al demonio. Pero, en realidad, solo estaba tratando de crear un conjuro para vencer al demonio que asotaba al pueblo con una sequía terrible.
La bruja, una mujer asombrosamente bella, observó el cielo. Las nubes cubrían poco a poco el sol, lo cual era buena señal de que el demonio se estaba alejando poco a poco del lugar.
Y mientras la amarraban en un pilar de madera, la mojaban con querosene y aceite y la rodeaban de paja seca, tuvo una visión. Vio el futuro, en donde las personas como ella vivían escondidos de los no mágicos y eran muy felices. Vio también a sus tataratataranietos que, constantemente, eran perseguidos por una sombra maligna que quería arrebatarles su poder. La bruja era muy poderosa y, antes de ser atrapada por la inquisición, tuvo una hija a quien le transfirió sus poderes y la entregó a sus parientes. Sabía que esa hija tendría descendencia a quien también le transferiría sus poderes, y así seguiría de generación en generación hasta que la sombra maligna los encontrara y se hiciera completamente fuerte para dominar el mundo y eliminar a la humanidad no mágica de la faz de la tierra.
Ya cuando era consumida por las llamas, la bruja pronunció un conjuro. Ese conjuro iba dirigida a su hija, para que siempre estuviese protegida de todo mal. Así, lo transmitiría de generación en generación. Lastimosamente, ese conjuro no duraría para siempre. Llegaría un momento en que se rompería y correrían peligro constantemente.
Antes de morir, la bruja tuvo la esperanza de que, cuando se rompiera ese hechizo, su descendencia fuese lo bastante fuerte para poder enfrentarse al mal sin problemas.
Cinco siglos después, el hechizo se rompió.

Si les gustó la sipnosis, pueden leer el resto de la novela aquí: http://www.literativa.com/historias/3486/windusty--la-ciudad-magica.html

Aun está escribiendose ;)

domingo, 13 de febrero de 2011

Consejos con Sol

Escucha mis consejos y serás feliz. Si no eres feliz escuchando mis consejos, entonces no los escuches XDXDXD


Si vas de viaje, lo importante es el cepillo de dientes. Si te bañarás, no te olvides del jabón.

Nunca uses la balanza para saber si tenés unos kilos de más. Solo lograrás deprimirte y engordar más XD

Piensa dos veces antes de decir cualquier tontería.

Gobierna tu propia vida: no leas el horóscopo XD

Mejor piensa antes de gastar, si quieres conservar tus ahorros hasta fin de mes o para gastarlo en algo más importante.

El amor vale más que el dinero. Pero no se puede comer, ni vestir ni comprar con amor XDXDXD