^^ Bienvenidos a mi página ^^

Esta página fue creada para mostrar algunos cuentos, reflexiones, poemas y dibujos que hice a lo largo de los años. Si tienen dudas o sugerencias, por favor escribanme a mi mail Solestelar@gmail.com e intentaré responder sus mensajes. Desde ya, gracias por visitar el blog ^^

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lunes, 4 de agosto de 2008

Dibujo de un retrato

Luego de mucho tiempo, volví a dibujar un rostro. Éste es de una chica que demuestra sorpresa. Espero que les guste ;)


martes, 29 de julio de 2008

Memoria perdida

¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí? No recuerdo nada de lo que pasó antes, solo recuerdo que abrí los ojos y me encontré en este lugar. Recuerdo solo lo que pasó después de eso. Me da la impresión de que debo hacer algo, pero no lo recuerdo. ¿Por qué no puedo recordarlo? La verdad, no se siquiera quien soy yo en realidad. He perdido la memoria. Lo único que me queda es seguir viviendo, porque sé que en algún momento de mi vida, recuperaré mi memoria y podré hacer por fin lo que tendría que hacer.
Pero... puede ser que lo recupere cuando haya echo todo lo que tenía que hacer.

lunes, 21 de julio de 2008

Nuevos dibujos hechos a superfino marrón.

A continuación, les presentaré mis nuevos dibujos. El primero se llama "En espera de algo" y el segundo "Acechando al enemigo" Espero que les guste ;)





viernes, 18 de julio de 2008

Rencor de amor

Mo me basta tu perdón para seguir amándote. quisiera algo más que un ramo de flores, o una carta de reconciliación. nada de lo que hagas cambiará mi visión acerca de esta cruel humillación. Por más que supliques mil veces, o te arrodilles ante mí, mi corazón estará cerrado ante cualquier otra forma de amor.
Dicen que hay que perdonar, pero... ¿Es ingrata aquella persona que, al decirlo, es el que menos perdona? Tú, hombre de los mil demonios, que no eres capaz de perdonar ni a tu madre, ¿esperas que alguien como yo te perdone por tu gran falta de consideración?
Necesitas algo más que un ramo de flores, o unos poemas de amor para que te desee de nuevo. Hagas lo que hagas, todos tus intentos serán en vano, dado que ya no siento nada por tí. Ni aunque me salves de un peligro, o ayudes a mis seres queridos, no te daré ninguna muestra de afecto, mas sí una fría gratitud.
Y ahora que has escuchado mis condiciones, ve y busca a otra a quien puedas engañar. lo único que quiero es que te pase algo peor con otra persona, porque te lo mereces y mereces mucho más mal de lo que tú mismo eres capaz de crear.
Y así como conocí el amor al verte, también conocí el odio al dejarte. Dicen que después del odio viene el amor. Pero no siempre es cierto lo que dicen los demás, en este caso, el odio que siento hacia tí es producto del amor que, con tu gravísima falta, fue disminuyendo de intensidad hasta desaparecer por completo.
Te devuelvo tus cartas, tus flores y tu falso perdón. Todos están intactos, así que puedes usarlos con otra más crédula que yo.
Y ahora que ya dije lo mucho que te odio, te pido que te alejes de mi vida y no vuelvas nunca más y olvidate de mí, que yo ya me olvidé de tí.

Otro dibujo mío

A continuación, les mostraré un nuevo dibujo que hice a lápiz. Espero que les guste ;)


lunes, 7 de julio de 2008

Carta a una madre

Últimamente siento que algo falta en mi vida. Desde que te fuiste a mi lado, no estoy segura de casi nada.

Aún tengo a mi padre, a mi hermana y a todos mis parientes, así como a mis amigos y compañeros del colegio. Pero aún así, algo me falta.

Me faltas tú, que te has ido a otro lugar. ¿Por qué tuvo que ocurrir esto? ¿Qué fue lo que realmente pasó? Hay cosas que aún no entiendo y, en el fondo de mi corazón, todavía espero tu llegada.

La vida ya no será la misma sin tu presencia. Sé que solemos pelearnos o no nos poníamos de acuerdo en algo. Pero eso pasa en todo tipo de relación. Las mejores familias se pelean. Aún así me pregunto… ¿Por qué te has ido, sin esperar a que te pida perdón? Aún hay muchas cosas por hacer, mucho por ver y vivir.

Dios querrá que esté lejos de ti, por eso pasó lo que pasó. Aún así, no sé si podré hacerlo esto sin ti. Todos te extrañan y nunca piensan olvidarte.

¿Te acuerdas de los momentos que pasamos juntas? Ahora solo trato de recordar los buenos momentos, porque también tuvimos malos momentos. Siempre te leí mis escritos y fuiste la primera en apoyarme en mis sueños. Justo cuando estuve a punto de publicar un libro, te has ido. Sé que desearías gustosa estar en mi presentación, pero ahora… solo estarás viendo desde el lugar en donde estás.

Y siempre me llevabas a tantos lugares, en donde aprendí muchas cosas y maduré en todas las formas que ni te imaginas. Y también siempre me aconsejabas, como madre que eres. Y tantas veces, de tanto escuchar lo mismo, miraba a otro lado o no te hacía caso.

Si estuvieras aquí, harías algo por mis resfríos o mis gripes, así como también sabrías exactamente qué remedios tomar. Claro que nunca me gustaron los remedios ni nada que fuese inyecciones o vacunas. Pero siempre los aceptaba porque, con el tiempo, “me haría bien”.

Y también, madre mía… en aquellos tiempos que me llevabas a misa, o me hablabas de extraterrestres o mostrabas fotos con “seres raros”. Siempre has sido muy católica, pero también tenías otras ideas de otras creencias que las aceptabas fácilmente. De ti aprendí a no centrarme en una sola cosa, sino a tener la mente abierta, aunque al final yo te lo hacía recordar.

Hace días no escribo. Sé que desearías saber el final de mi novela, pero desde que te fuiste… no se cómo continuarlo. Aún así, algún día me pondré las pilas y seguiré escribiendo, porque juré que nunca dejaría de escribir ni de hacer lo que más me gusta. Y no dejaré por la borda todo lo que logramos juntas. Sé que eso no te gustaría. Seguiré luchando, esta vez con los parientes y amigos que me quedan. Y también procuraré mejorar y ser cada día una buena hija, así como siempre quisiste que sea.

No sé si verás la carta que te he escrito. Seguro que sí. Solo espero saber en dónde te encuentras, o verte en algún momento en este mundo… o en otro… sé que en el fondo de mi corazón, volveré a verte otra vez. Te vi en sueños, por eso estoy segura de que volveré a verte.

Y para terminar esta carta, pondré al final una poesía que encontré, que es muy linda y que de seguro te va a gustar.

Sólo el amor de una madre

Sólo el amor de una Madre apoyará,
cuando todo el mundo deja de hacerlo.

Sólo el amor de una Madre confiará,
cuando nadie otro cree.

Sólo el amor de una Madre perdonará,
cuando ninguno otro entenderá.

Sólo el amor de una Madre honrará,
no importa en qué pruebas haz estado.

Sólo el amor de una Madre resistirá,
por cualquier tiempo de prueba.

No hay ningún otro amor terrenal,
más grande que el de una Madre.

Y así termino mi carta… no con un adiós… sino con un ¡Hasta luego!

domingo, 15 de junio de 2008

Melancolía de la gitana

Ahí está, la gitana que nunca nadie la vio sonreír. Siempre la veo ahí, en su pequeña carpa, haciendo su trabajo de gitana. No sonríe, es muy callada. Siempre veo en sus ojos esa tristeza infinita, razón por la cual da a entender que no tiene vida, no tiene felicidad.

Lo único que sabe predecir son noticias malas, desastres, catástrofes. Nunca falla en ninguna de sus predicciones, por eso es muy recomendada. Yo jamás me atreví a mirarla, porque no quiero que sepa cuál sería mi futuro en la vida.

Una oscura noche de luna llena, la vi salir de su tienda y caminar hacia una arboleda. La seguí por pura curiosidad, y también porque algo en ella me atraía. ¿Qué motivo tan urgente la llevó a abandonar su tienda, que es su único hogar?

A pesar del ruido que hacía al caminar entre las hojas, ella no parecía darse cuenta de mi presencia. Hasta su forma de andar era de una persona triste y deprimida.

¿Por qué me intriga tanto esa gitana? No nos parecemos en nada. Yo soy alegre y me gusta compartir mi alegría con los demás. Ella solo comparte su tristeza y sus malos augurios. Hasta para hacer regresiones de vidas pasadas es buena en mostrar solo lo malo. Lo sé porque una vez, dos amigas terminaron con su amistad cuando la gitana les reveló que, en sus vidas pasadas, fueron enemigas.

Estaba lejos de la gitana pero, aún así, le seguí el rastro hasta llegar a una pequeña cascada.

La gitana se metió en el agua del pequeño arroyo que brillaba con la luz de la luna. Parecía no importarle sus ropas mojadas. Me quedé escondida detrás de un árbol, para ver lo que haría a continuación.

De la cascada, apareció un anciano de barba plateada y con un hábito de monje. Llevaba en sus hombros un pequeño bulto, que parecía pesarle.

No pude escuchar bien de qué hablaban, pero creo que la gitana dijo algo como “¿Lo has traído?”, mientras el anciano afirmaba con la cabeza a su pregunta.

El ruido de la cascada era muy fuerte y, en esos momentos, un lobo aulló de pena. Pero aún así, no salí de mi lugar. Seguí espiando a ver qué pasaba o qué ocurriría.

El anciano le mostró el bulto y lo abrió. La gitana sacó de ahí un cofre de madera, o eso me pareció ver. Los dos, entonces, empezaron a pronunciar algo así como un conjuro, que no pude escucharlo bien por culpa de los ruidos de la naturaleza nocturna.

Después de pronunciar las palabras, la gitana abrió el cofre y, de ahí, salió el alma de una persona. Era una especie de luz blanca y pálida, que estaba vibrando con mucha intensidad, como si fuera que por fin salía de su encarcelamiento.

Y, en esos momentos, parecía que la naturaleza se apiadó de mí, porque el aullido del lobo se esfumó y la cascada empezó a caer con menos intensidad.

Así pude escuchar claramente lo que decían.

- ¿Por qué quieres liberarla?- le preguntó el anciano a la gitana.

- Demasiadas tragedias he cometido- contestó la gitana, con su misma voz melancólica de siempre- he dañado al alma de esta niña, cuyos parientes, amigos y conocidos se olvidaron de ella luego de su muerte. Si bien, su alma igual se liberará cuando sus padres descubran la manera de recordarla. Pero ya pasaron tres meses. Es demasiado para el alma de una niña.

- Pero todavía le queda un año para liberarse. Un trato es un trato. Lo prometiste.

- ¿Y tú prometes que la liberarás, tan pronto como sus padres se acuerden de ella?

- Yo nunca rompo mis promesas.

Los dos se quedaron callados por un momento. La cascada volvió a caer con mucha intensidad y yo sentí la necesidad de volver a casa. Ya no tenía nada más que ver.

Días después, el mismo anciano que vi en la cascada apareció frente a la tienda de la gitana. Ahí ya no tenía más posibilidades de espiar.

Sin embargo, no estuvo por mucho tiempo.

Enseguida salió de la tienda y, quien sabe, de seguro volvió a la cascada de donde reside.

Luego de que se fuera el anciano, me armé de valor y, por primera vez en la vida, entré en la tienda de la gitana.

Nunca había estado tan cerca de ella y, la verdad, me dio escalofríos. Era una mujer que parecía que perdió la alegría para siempre, convirtiéndose en una especie de muerta viviente que todavía respiraba, comía y dormía.

- Es la primera vez que nos encontramos cara a cara- me dijo la gitana, con una media sonrisa que le agregó más tristeza a su rostro.

Me aclaré la garganta y le confesé que la había estado espiando, cuando la vi rogarle al anciano que liberara el alma de una persona. Después de eso, le pregunté el porqué ocurrió esa tragedia, porqué no hizo nada para impedirlo.

La gitana, con su melancólica voz, me explicó de esta manera:

- Conocí a esa niña cuando vivía y pude ver su futuro. Sería un tormento para ella, pero no quería amargarle con eso. Pero entonces, vi otro futuro, en la que ella se salvaba de su trágico destino con la muerte. Así que formulé un hechizo. Si funcionaba, el alma de esa niña se liberaría de este mundo. Pero luego de su muerte, las cosas se complicaron y me arrepiento por lo que hice. Creí haberlo hecho bien, pero empeoré las cosas. Por algo me dicen la gitana de los malos augurios, la melancólica gitana.

Y mientras decía todo eso, empezó a llorar. Entonces me acerqué a ella y traté de contagiarle mi felicidad para su propia alma. Pero ella me rechazó y dijo:

- Tienes en tu corazón la felicidad interior. Úsalo cuando quieras, pero no conmigo. O te destruiré la vida. Vete ahora y déjame sola con mis penas.

Y ahí está, aquella gitana con quien solo intercambié conversación alguna aquel día. Logré alegrar a todos los que conozco, pero no a ella. No entiendo el porqué quiere sufrir, el porqué no quiere saber lo que es la felicidad. Tengo tantas ganas de acercarme a ella para consolarla, pero una especie de barrera invisible nos separa.

Pero… ¡Algo cambió en ella! Después de aquella conversación que tuvimos, cada atardecer sale de su tienda y observa cómo el sol se oculta entre la copa de los árboles. Tal vez esté esperando a que el anciano deje ir al alma que está en sus manos, o tal vez espera ver que el alma de esa criatura se marche de este mundo, en busca de aquel lugar al que creemos que van los muertos.

Y ahora, en este atardecer, mientras escribo esta historia, veo a la gitana en todo su triste panorama, como si un aura de penas y tristeza la cubrieran por completo.

Sí, lo sé. Con ella, los atardeceres son los más tristes que uno podría ver. Supongo que cuando termine de ocultarse el sol, ella entrará en su tienda y no saldrá de ahí hasta que se escuchen los primeros cantos del gallo. Y en cada noche, mientras estoy en mi cama, pienso en ella y en su tristeza, deseando que algún día descubriese que existe aquella palabra mágica y hermosa llamada felicidad, y que si no quiere arruinar la vida de otros, que trate de no predecir malos futuros y busque en lo más profundo de su corazón la alegría de poder vivir y soñar.